10, 11 y 12 de octubre nunca serán olvidados por los seguidores de la buena música alternativa urbana. Durante los tres días, más de 60 mil personas estuvieron reunidas en la cancha auxiliar Cincuentenario para cantar, corear, gritar, cabecear, moshear, poguear, bailar, o simplemente, escuchar a las diversas ponencias musicales.
Altavoz 2009 fue un evento que no le tuvo que envidiar nada a otro festival de música que se haga en el país. Buenas líricas, frenesí total del público y lazos de hermandad entre los espectadores, fue lo único que se vio y vivió en el sexto Festival Altavoz Internacional.
En la cancha, por primera vez en 6 años, los asistentes no se tuvieron que preocupar del pantano, el barro, la suciedad y los olores de agua estancada, pues, la Alcaldía de Medellín cumplió con su deber de adecuar el terreno con estibas de madera revestidas con un gran tapete. Con esta instauración, las personas solo se preocuparon por apreciar las bandas y no por irse a ensuciar más de lo debido.
Día 1. Simbiosis desgarradora: metal, punk y hardcore.
El calor es infernal o celestial, eso depende desde el punto en que lo viera cada una de las personas que sentían como los rayos del sol calentaban sus cabezas, cabelleras y prendas negras.
Había fila desde horas de la madrugada y mientras la mañana de forma paulatina transcurría, arribaban al festival paisas, costeños, caleños, bogotanos, tolimenses, bumangueses, armenitas, manizalitas, pereiranos, y ¿quién sabe de dónde más?, para escuchar los géneros más brutales, más pesados y más extremos que ofrecía Altavoz: Metal, Punk y Hardcore.
Inicia el ingreso una hora antes de que se dé comienzo. Los hombres son separados de las mujeres por el instante en que se accede a la cancha. Manillas y correas con taches y clavos son decomisadas en la entrada.
Todos empezaron a buscar el lugar adecuado para acentuarse durante más de 12 horas. Quien los recibió fue Ron Daymon, que con un ska influenciado por el Hardcore empezó a calentar los ánimos. Con la descarga ska-core de la agrupación, algunas personas bailaron y otras hicieron unos pseudo-pogos. Por ser la primera banda y por la compañía ardiente del Astro Mayor, son pocos quienes se atrevieron a seguirlos.
En segunda instancia, llegó a las tarimas Grito, que con su conocido Hardcore hizo que los pocos hardcoreros –en comparación con punkeros y metaleros- crearan mosh en ambos lados del escenario. Las letras contestarías, interpretas por Andrés Gallego “Manzano” sonaron fuerte en los oídos de los presentes. Una de las canciones mejor aceptadas fue “Cuando las almas vuelvan” tema que recrimina la violencia y el abuso de los mayores contra los niños.
Treinta minutos después, aproximadamente, se presentó en escena Nadie. La agrupación paisa que se radicó en Bogotá y que de la formación original solo cuenta con el vocalista Julián Velásquez, interpretó un Punk que no fue aceptado de forma total por el público.
Nadie pasó por las tablas del Altavoz “sin pena ni gloria”. La agrupación, no sonó igual a lo que tenía acostumbrado al público crítico local, es decir, no se escuchó el Nadie de los 90´s y comienzos del 2000, el cual era agresivo, veloz, con letras corrosivas y con un sonido propio de Medellín, digno de equiparar con el de IRA, GP, Los Suziox y Fértil Miseria.
Y, es esta última banda mencionada, la que hizo vibrar por primera vez en todo el día el nuevo piso del Festival. Fértil Miseria, con su Punk desgarrador en la voces y agudo en los instrumentos conglomeró a punkeros, y a propios metaleros, en masas que caminaron en círculos repartiendo patadas, puñetazos y codazos a quien estuvo a su alrededor. Era el pogo, el clásico baile Punk que el público estaba haciendo para demostrarle a Vicky, Piedad, Juan, Edwin, Carlos y a los dos músicos -Violín y Chelo- que acompañaron la banda, lo conformes que se encontraban con lo que apreciaban.
Con Fértil Miseria, el punk no se escuchará más en el primer día de Altavoz. Pero, al instante, se presentó Frankie ha Muerto, que con una puesta en escena muy interesante, a partir de pintura e indumentaria mortem, interpretó un Rock que experimentaba con sonidos technos, industriales y góticos. El sonido de éstos fue aceptado por la diversidad de público. Asimismo, fue un buen cierre de la tarde, pues lo que vendría de ahí en adelante sería una inyección letal de Metal.
Cromlech, banda que toma día a día más fuerza en la cultura Death Metal de la ciudad, hace que bandada de mujeres y hombres de cabelleras extensas movieran sus cuellos y cabezas de forma vertiginosa. Luego, llegan Askariz y Tenebrarum, los primeros son coreados por unos y reprochados por otros. Su Heavy Metal no fue de agrado para una gran manifestación de público.
Los segundos con sus líricas góticas y una puesta en escena con algo de arte escénica fueron bien aceptados por la cultura Metal. Éstos, al interpretar El Velo, lograron que más de 15 mil personas corearan y trajeran a sus oídos un clásico del rock colombiano, como lo es éste de Estados Alterados.
Luego de bajarse Tenebrarum, penetraron como un arma letal y corto-punzante la agrupación más importante de Metal de la ciudad y de Colombia. Masacre con Alex Oquendo a mando efectúa sobre el público música crítica en sus letras. Los metaleros comenzaron a avizorar con Masacre lo que ya venía en camino, pues en minutos verían a dos monstruos del Thrash Metal interpretando lo mejor que tienen.
Y, es así; Exodus y Kreator, agrupaciones que han pasado por los mejores escenarios de este género, entre ellos, el Wacken Open Air –-Festival más grande de Metal en el mundo— incendiaron la noche.
25 mil melenas acompañaron y saltaron todos los temas de los estadounidenses Exodus y los alemanes Kreator. Pogos y cabeceos se apreciaron de norte a sur y de oriente a occidente. La cancha se transformó, literalmente, en una mancha negra sin forma que moría por lo que escuchaba, pues más que un simple ritmo era cultura lo que se estaba apreciando.
Dos horas, aproximadamente, es el tiempo que duraron allí las bandas metaleras internacionales. Dos horas de historia musical que se llevó cada uno de los más de 20 mil espectadores.
Para terminar la noche inaugural, La Pestilencia celebrando sus 20 años de existencia cantó alrededor de 40 minutos. Menos de 15 mil asistentes aún se quedaron para no perderse la banda considerada de las más contestarías a finales de la década de los ochentas. Soñar despierto, tema insignia de la banda, volvió en campo de batalla –-sin muertos, ni armas—la cancha auxiliar.
Así, se bajó el telón de la primera escena del festival en el que Cromlech ratificó su buen momento, Fértil Miseria demostró aún su fuerza y vigencia en la cultura punk de la ciudad y Masacre cerró un ciclo triunfal en sus 21 años de historia.
Por otro lado, quedaron las incógnitas, sin resolver, del detrimento que ha sufrido Askariz, banda que prometía mucho, pero que ahora no tiene el apoyo suficiente de lo más importante: el público. Asimismo, Nadie, que como su nombre lo dijo, fueron como si nadie se hubiera presentado en tarima.
Día 2. Lloró el cielo en una noche de relajación.
Pintas negras, cabellos largos y correas de taches se transformaron en ropas anchas de colores pasteles, dreadlocks, gorras y una sobrecarga de verde, amarillo y rojo en gorros, correas, zapatos y banderas.
Fue el día de Reggae, Ska, Hip-Hop y algunos destellos de Electrónica. Las primeras bandas comenzaron a animar a los tan diversos gustos que se encontraban en el Cincuentenario.
Los primeros golpes los dieron L-Mental e Isaya 103 en representación del Hip-Hop, y, Electrolíquido y G98 propuestas alternativas que combinan Funk y Electrónica. Las cuatro agrupaciones fueron bien recibidas por los asistentes que gustaban de los géneros. Como se hallaba poca gente en el lugar, hasta el momento, el entusiasmo es sectorizado y mediano.
Pero, las cosas durarían así poco, un olor a yerba se empezó a levantar por todo el espacio, nubes de un albo humo emergieron de diferentes puntos cardinales. Era el rastro que dejaba la marihuana y que mientras a las tablas escalaban los hiphoperos españoles Dúo Kie, los skas Zatélite y los Vieja Escuela de Medellín Laberinto ELC aumentaba de modo gradual ésta, los ánimos y los espectadores.
Los españoles con sus “majaderías” hacían reír al público, lo divertían y lo ponían a vibrar con sus rapeos influenciados por el Hardcore. Zatélite, por su parte, convirtió en pista de baile las estibas de madera que recubrían la cancha.
Laberinto ELC desplegó un espectáculo en el que combinó Mc´s, dj, breakdance y graffiti –los cuatro elementos que configuran a la cultura Hip-Hop— otorgado así, un homenaje a su cultura y demostrando lo rica que es en expresión artística.
El bache de su presentación fue la integración de Tarmac, agrupación de Reggae que cantó y, por ende, agotó tiempo de la presentación de Laberinto ELC. La incursión de Tarmac fue aceptada por unos, pero rechazada por más. Tarmac, como banda prometedora del reggae antioqueño, no encajó en la presentación pues, quienes estaban allí, querían era escuchar a los raperos de Vieja Escuela y no a una propuesta de reggae, que de antemano estaba representada en De bruces a mí, Providencia, Dafne Marahunta y Sudakaya.
Sudakaya, invitados desde Ecuador, inauguraron de manera oficial lo que sería la tarde noche de música Reggae, relajación y predominación de los colores insignia del género. Asimismo, con sus cantos fueron quienes abrieron las puertas a San Pedro para que lloviera y no volviera a escampar durante todo el concierto.
Providencia y Dafne Marahunta fueron quienes le siguieron y con letras amorosas, los primeros, y críticas agudas, los segundos, despertaron las energías de todos los allí presentes que tenían a éstas por la lluvia intermitente por el piso.
Instantes después, Instituto Mexicano del Sonido (IMS) irrumpió con sonidos sintéticos e industriales. Por ese día y por encontrarse en Medellín, los mexicanos se transfiguraron –en palabras de Camilo Lara—en el Instituto Colombiano del Sonido.
Palabras tan simples, pero estratégicas atraparon la atención del público que bailó y disfrutó de la propuesta alterna que traían los nacidos en tierras aztecas.
Con propuesta algo semejante –hablo en el sentido de la integración de sonidos electrónicos e industriales— Bomba Estéreo reemplazó al IMS y aunque no recibió toda la fuerza de sus antecesores, con su Cumbia psicodélica mantuvo despiertos y con motivación a un público que se encontraba con frío y ropas húmedas.
La noche nublada observó como después de las puestas musicales experimentales, emergió en el escenario De Bruces a Mí y con ellos un grito, un aplauso y un levantamiento de banderas que se encontraban reprimidos solo para este momento.
Llegaste a mí, El poder de tu alma e Internacional despertaron la buena vibra y la mentalidad pacifista, armoniosa y de relajación, propios del buen Reggae. Las tonadas cargadas de mensajes fraternales ambientaron e irradiaron la fría y lluviosa noche. El segundo día de Altavoz fue solo de relajo… ahora es historia.
Día 3. El espacio para todo o el espacio para el resto.
Llegó el último día de Altavoz y lo que se evidenció fue que era el día en que se reunieron los géneros que no están marcados fuertemente por una tendencia, corriente o cultura en la ciudad.
Expresiones experimentales de Electrónica, Pop/Rock, Indie, Punk/Rock, chispazos de Hip-Hop y Ska se escucharon en el final del festival musical urbano.
Quienes iniciaron el evento fueron bandas con corrientes diferentes: Dínamo con un Indie Rock, Tom Sawyer con un Punk/Rock, Chucknorris, venezolanos que unieron la Electrónica con el Hip-Hop y Protov con una Electrónica inclinada hacia sonidos minimalistas y beats relajados.
Goes, Demoizelle y Mr. Bleat, luego de la presentación de Protov; fueron compenetrándose con las personas. Los sonidos industriales de las bandas mencionadas ambientaron la tarde y serían el puente de transición a sonidos alternativos que se dirigían hacía las ramas del Rock.
Artefacto y Tres de corazón movieron con sus temas clásicos al público paisa. Sin embargo, se observó que éstas han perdido fuerza en la ciudad y no tienen igual acogida, como la tuvieron en años pasados.
Ciegossordomudos, agrupación bogotana fue un buen acompañante para hablar entre amistades. El espectador se movió con ellos muy poco. Con su sonido alternativo experimental se llegó a un sopor absoluto que hizo ansiar con más fuerza a Pornomotora y Mojiganga.
Pornomotora no inició con “pie derecho”, pues las canciones interpretadas por ellos fueron solo apreciadas desde el lugar donde se encontrara el oyente. Pero, a medida que transcurren, la energía proyectada de la banda bogotana contagió al público, se compenetró con ellos y salieron, al final, victoriosos del ruedo antioqueño.
Todo se convirtió en fiesta, locura y regocijo cuando La Mojiganga substituyó a los capitalinos e iniciaron una descarga de Ska que hizo vibrar las almas y los cuerpos, asimismo, formó pogos de gran magnitud –-que después de los de Kreator, Exodus y Fértil Miseria—fue el más grande del Altavoz Internacional.
Sangre, A mis amigos, Relajación, entre otros, despertaron el frenesí de mujeres y hombres que en las ruedas o círculos de puños y patadas dejaron todos sus rencores o todos sus problemas en aquel lugar. Luego de esta liberación de energía, muchos se retiraron más que satisfechos con lo escuchado.
Quienes se quedaron o llegaron en el momento de Fobia, banda creada en 1987, apreciaron un rock en español suave, de letras pausadas que contrastó con la efervescente energía de La Mojiganga.


