¡NO A LA FIESTA DE LA MÚSICA DE MEDELLÍN 2013!

Publicado 08 Abril 2013 porEditor

Cordial saludo.
Como usted la creó desde 1982 en Francia, La Fiesta de  la Música es una
celebración que se realiza el 21 de junio, el primer día del verano del hemisferio
norte. Tiene la intención francesa de la universalidad, como una síntesis práctica
de la igualdad, la fraternidad y la libertad. El objetivo del evento es promocionar
la música de dos maneras: la primera, que los músicos voluntariamente salgan a
tocar a la calle. Desafortunadamente señor Lang, en este punto encontramos el
primer inconveniente, y es que en lo práctico, La Alianza Francesa de Medellín no
trabaja en la promoción y la realización de esta idea, que a nuestro modo de ver,
debería ser el centro conceptual y real de la fiesta: Salir a tocar a la calle y hacer
la fiesta de la música.
Suponemos que la razón para invisibilizar este principio fundamental de la fiesta
tal y como usted la creó, es el hecho de que las prácticas musicales que se
lleguen a realizar por fuera de los espacios estandarizados o por fuera de los
llamados conciertos gratuitos, serán obviamente prácticas y movimientos que
quedarán fuera del control logístico y político de La Alianza y de la oficialidad
medellinense. Por otro lado y tal vez aun más grave, es el hecho de que Salir  a
tocar  a  la  calle  y  hacer  la  fiesta  de  la  música en la calle, cometiendo el acto de
celebrar la música viva en un no-lugar, en un espacio anónimo, un territorio sin
logotipo, sin estandarte y sin la presencia explícita de la institución, pondría en
riesgo el prestigio conservador de la fiesta y no le reportaría ningún beneficio al
proceso de difusión cultural que conocemos como La Alianza Francesa. Salir  a
tocar a la calle y hacer la fiesta de la música no es realmente un objetivo para los
organizadores del evento, y en ningún caso es una práctica susceptible de ser
motivada, apoyada y difundida.
Como usted lo concibió, la segunda manera de promover la música en La Fiesta
de la Música, es con la organización de conciertos gratuitos. Habría entonces que
comenzar a responder la pregunta: ¿Gratuitos para quién?.
¿Conciertos gratuitos para el público? No hay mucho que decir. A pesar de que
el consumo de bienes culturales en Medellín para la gran mayoría, no encabeza
su lista de prioridades o ni siquiera hace parte de ella, el público sigue mereciendo
con creces los conciertos gratuitos.
¿Conciertos gratuitos para los organizadores e inversionistas? Diríamos
sin temor a equivocarnos, que en este caso no podemos hablar de gratuidad.
En este punto el concepto de lo gratuito no resiste el análisis y empieza a pesar
la idea de rentabilidad. En Medellín, solo el año pasado, durante horas, más de
39.000 personas fueron consumidoras pasivas de la descarga publicitaria que los
organizadores y los inversionistas instalaron en los llamados conciertos gratuitos.
Señor Lang, considerando que si cotizáramos con una agencia x, el costo de
impactar a 39.000 mil personas, durante un tiempo promedio de una hora, con
las estrategias gráficas publicitarias de 10 ó 12 entidades y empresas de gran
envergadura financiera, probablemente nos encontraríamos con costos muy
altos. Volúmenes de dinero con los cuales podrían financiarse, entre otras cosas,
estímulos económicos para los músicos que hacen La Fiesta de la Música.
¿Conciertos gratuitos para los músicos? Gratuitos no. Costosos y muy
costosos. Muchos saben que la inversión de producir un concierto sobrepasa
casi siempre los presupuestos con los que los músicos a veces contamos. Para
los músicos esta celebración es una idea muy buena y pasan cosas maravillosas
en ella. Pero la verdad sea dicha, todo tiene costos materiales y en este caso
son los músicos los que están asumiendo casi el total del esfuerzo. Creemos
erróneamente que no tenemos más espacios o que no los podemos construir
¿tenemos que tocar en La Fiesta de la Música simplemente porque nos dan la
oportunidad?
El público, los inversionistas y los organizadores obtienen ganancias notorias en
todo el ejercicio. Señor Lang, como diría su compatriota Pierre Bourdieu, el público
gana en capital cultural y social, los organizadores ganan capital político y los
inversionistas ganan capital económico, cultural, político y social. Paradójicamente
los músicos que son el centro de la fiesta solo ganan en capital social y además
no recuperan su inversión económica. Todo esto con el antecedente agravante de
que hoy en día en Colombia, las entidades encargadas de recoger el dinero de los
músicos no funcionan, y por lo tanto, durante todo el año, y sin ninguna retribución
monetaria para la gran mayoría de los artistas que han publicado su trabajo, se
escuchan y se venden ilegalmente cientos de miles de minutos de música a través
de diversos medios y lugares. Los músicos permanentemente están donando
su trabajo y por lo tanto podríamos preguntarnos: ¿cada vez que se escucha
una canción sin retribuir económicamente a sus creadores, ocurre la fiesta de la
música? Claramente la respuesta es no. La fiesta de la música es música viva.
Por lo tanto señor Lang, no queremos esconder la indignación y la sensación
de frustración, no solo ante la falta de espacios y apoyos económicos, si no
también ante la insuficiencia y la confusión que generan las pocas entidades y
los pocos eventos con los que cuenta la cultura en nuestros amados pueblos
latinoamericanos. Muchos realmente están convencidos de que hay una
verdadera ética humanista en La Fiesta de la Música de Medellín y que es
posible la democratización de la música a través de una fiesta masiva, en la
que los principales actores no reciben un apoyo económico y su inversión
se queda simplemente en el reconocimiento simbólico. Pensamos que no
es posible la coherencia ética en este caso. Mientras haya publicidad y los
beneficios económicos se estén guardando en los bolsillos de los patrocinadores
o inversionistas, o como los llama La Alianza Francesa, Los  Tenores, no habrá
coherencia ni moral ni ética en este evento. Entonces concluyendo, dos cosas. La
primera: en La Fiesta de la Música de Medellín 2013 hay una total ausencia de la
supuesta manera fundamental de promover la música tal y como usted la concibió:
Salir a tocar a la calle y hacer la fiesta de la música. La segunda conclusión: como
entonces sí hay ganancias económicas, lógicamente el primer beneficiario debe
ser el músico.
Estimado Jack Lang, para finalizar esta simple perorata, queremos anotar que
somos totalmente conscientes de que el no-pago a los músicos ha sido uno de
los principios conceptuales fuertes de La Fiesta de la Música desde su inicio.
Pero teniendo en cuenta los cambios en las tecnologías de la comunicación,
las diferencias entre los mercados culturales de París 1982 y Medellín 2013,
además de los beneficios ya mencionados en capitales discriminados, estamos
absolutamente convencidos de que un estímulo económico, moderado e
igual en tamaño para todos los músicos invitados a los conciertos gratuitos,
no disminuye ni en mística ni en alegría, no le quita altura moral al evento
y tampoco es un artificio de merecimientos sin sentido. Los músicos somos
profesionales respetables y la sociedad nos necesita, por lo tanto no nos sentimos
representados por este evento. Queremos una Fiesta de la Música con espacios
abiertos. No queremos convocatorias temerosas y parciales que no exalten
a la música como una práctica posible fuera de la producción institucional y
empresarial. Queremos conciertos gratuitos para el público y pagados para el
músico. Queremos patrocinadores generosos y prósperos. Queremos entidades
oficiales comprometidas con la música y orgullosas de su labor.
Estimado señor Jack Lang, porque queremos sea mejor, más ética, más justa y
más grande, este año tristemente tenemos que decirle:
¡NO A LA FIESTA DE LA MÚSICA DE MEDELLÍN 2013!
Sinceramente
DAVID MACHADO GOMEZ
Cantautor

jack lang en Música Somos

Estimado Jack Lang:

Cordial saludo.

Como usted la creó desde 1982 en Francia, La Fiesta de  la Música es una celebración que se realiza el 21 de junio, el primer día del verano del hemisferio norte. Tiene la intención francesa de la universalidad, como una síntesis práctica de la igualdad, la fraternidad y la libertad. El objetivo del evento es promocionar la música de dos maneras: la primera, que los músicos voluntariamente salgan a tocar a la calle. Desafortunadamente señor Lang, en este punto encontramos el primer inconveniente, y es que en lo práctico, La Alianza Francesa de Medellín no trabaja en la promoción y la realización de esta idea, que a nuestro modo de ver, debería ser el centro conceptual y real de la fiesta: Salir a tocar a la calle y hacer la fiesta de la música.

Suponemos que la razón para invisibilizar este principio fundamental de la fiesta tal y como usted la creó, es el hecho de que las prácticas musicales que se lleguen a realizar por fuera de los espacios estandarizados o por fuera de los llamados conciertos gratuitos, serán obviamente prácticas y movimientos que quedarán fuera del control logístico y político de La Alianza y de la oficialidad medellinense. Por otro lado y tal vez aun más grave, es el hecho de que Salir  a  tocar  a  la  calle  y  hacer  la  fiesta  de  la  música en la calle, cometiendo el acto de celebrar la música viva en un no-lugar, en un espacio anónimo, un territorio sin logotipo, sin estandarte y sin la presencia explícita de la institución, pondría en riesgo el prestigio conservador de la fiesta y no le reportaría ningún beneficio al proceso de difusión cultural que conocemos como La Alianza Francesa. Salir  a  tocar a la calle y hacer la fiesta de la música no es realmente un objetivo para los organizadores del evento, y en ningún caso es una práctica susceptible de ser motivada, apoyada y difundida.

Como usted lo concibió, la segunda manera de promover la música en La Fiesta de la Música, es con la organización de conciertos gratuitos. Habría entonces que comenzar a responder la pregunta: ¿Gratuitos para quién?.

¿Conciertos gratuitos para el público? No hay mucho que decir. A pesar de que el consumo de bienes culturales en Medellín para la gran mayoría, no encabeza su lista de prioridades o ni siquiera hace parte de ella, el público sigue mereciendo con creces los conciertos gratuitos.

¿Conciertos gratuitos para los organizadores e inversionistas? Diríamos sin temor a equivocarnos, que en este caso no podemos hablar de gratuidad. En este punto el concepto de lo gratuito no resiste el análisis y empieza a pesar la idea de rentabilidad. En Medellín, solo el año pasado, durante horas, más de 39.000 personas fueron consumidoras pasivas de la descarga publicitaria que los organizadores y los inversionistas instalaron en los llamados conciertos gratuitos.

Señor Lang, considerando que si cotizáramos con una agencia x, el costo de impactar a 39.000 mil personas, durante un tiempo promedio de una hora, con las estrategias gráficas publicitarias de 10 ó 12 entidades y empresas de gran envergadura financiera, probablemente nos encontraríamos con costos muy altos. Volúmenes de dinero con los cuales podrían financiarse, entre otras cosas, estímulos económicos para los músicos que hacen La Fiesta de la Música.

¿Conciertos gratuitos para los músicos? Gratuitos no. Costosos y muy costosos. Muchos saben que la inversión de producir un concierto sobrepasa casi siempre los presupuestos con los que los músicos a veces contamos. Para los músicos esta celebración es una idea muy buena y pasan cosas maravillosas en ella. Pero la verdad sea dicha, todo tiene costos materiales y en este caso son los músicos los que están asumiendo casi el total del esfuerzo. Creemos erróneamente que no tenemos más espacios o que no los podemos construir ¿tenemos que tocar en La Fiesta de la Música simplemente porque nos dan la oportunidad?

El público, los inversionistas y los organizadores obtienen ganancias notorias en todo el ejercicio. Señor Lang, como diría su compatriota Pierre Bourdieu, el público gana en capital cultural y social, los organizadores ganan capital político y los inversionistas ganan capital económico, cultural, político y social. Paradójicamente los músicos que son el centro de la fiesta solo ganan en capital social y además no recuperan su inversión económica. Todo esto con el antecedente agravante de que hoy en día en Colombia, las entidades encargadas de recoger el dinero de los músicos no funcionan, y por lo tanto, durante todo el año, y sin ninguna retribución monetaria para la gran mayoría de los artistas que han publicado su trabajo, se escuchan y se venden ilegalmente cientos de miles de minutos de música a través de diversos medios y lugares. Los músicos permanentemente están donando su trabajo y por lo tanto podríamos preguntarnos: ¿cada vez que se escucha una canción sin retribuir económicamente a sus creadores, ocurre la fiesta de la música? Claramente la respuesta es no. La fiesta de la música es música viva.

Por lo tanto señor Lang, no queremos esconder la indignación y la sensación de frustración, no solo ante la falta de espacios y apoyos económicos, si no también ante la insuficiencia y la confusión que generan las pocas entidades y los pocos eventos con los que cuenta la cultura en nuestros amados pueblos latinoamericanos. Muchos realmente están convencidos de que hay una verdadera ética humanista en La Fiesta de la Música de Medellín y que es posible la democratización de la música a través de una fiesta masiva, en la que los principales actores no reciben un apoyo económico y su inversión se queda simplemente en el reconocimiento simbólico. Pensamos que no es posible la coherencia ética en este caso. Mientras haya publicidad y los beneficios económicos se estén guardando en los bolsillos de los patrocinadores o inversionistas, o como los llama La Alianza Francesa, Los  Tenores, no habrá coherencia ni moral ni ética en este evento. Entonces concluyendo, dos cosas. La primera: en La Fiesta de la Música de Medellín 2013 hay una total ausencia de la supuesta manera fundamental de promover la música tal y como usted la concibió: Salir a tocar a la calle y hacer la fiesta de la música. La segunda conclusión: como entonces sí hay ganancias económicas, lógicamente el primer beneficiario debe ser el músico.

Estimado Jack Lang, para finalizar esta simple perorata, queremos anotar que somos totalmente conscientes de que el no-pago a los músicos ha sido uno de los principios conceptuales fuertes de La Fiesta de la Música desde su inicio. Pero teniendo en cuenta los cambios en las tecnologías de la comunicación, las diferencias entre los mercados culturales de París 1982 y Medellín 2013, además de los beneficios ya mencionados en capitales discriminados, estamos absolutamente convencidos de que un estímulo económico, moderado e igual en tamaño para todos los músicos invitados a los conciertos gratuitos, no disminuye ni en mística ni en alegría, no le quita altura moral al evento y tampoco es un artificio de merecimientos sin sentido. Los músicos somos profesionales respetables y la sociedad nos necesita, por lo tanto no nos sentimos representados por este evento. Queremos una Fiesta de la Música con espacios abiertos. No queremos convocatorias temerosas y parciales que no exalten a la música como una práctica posible fuera de la producción institucional y empresarial. Queremos conciertos gratuitos para el público y pagados para el músico. Queremos patrocinadores generosos y prósperos. Queremos entidades oficiales comprometidas con la música y orgullosas de su labor.

Estimado señor Jack Lang, porque queremos sea mejor, más ética, más justa y más grande, este año tristemente tenemos que decirle:

¡NO A LA FIESTA DE LA MÚSICA DE MEDELLÍN 2013!

Sinceramente

DAVID MACHADO GOMEZ

Cantautor

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