El Jamming Festival 2013 estuvo “de chimba”

Publicado 09 junio 2013 porEditor

Jamming Festival Música Somos

Foto por Cartel Urbano.com


Por Juan Manuel Flórez

@juanmaexos


La tarde y su energía


-En Ciudad de México decimos chingón, ¿ustedes aquí cómo dicen?
-¡Chimba! –gritó la multitud.
-Bueno Bogotá, ¡ustedes están de chimba!

La exclamación del público absorbió todos los demás sonidos. Desde el escenario Dr. Shenka, vocalista de la banda de rock y ska Panteón Rococó, se dirigía a miles de personas. Antes de los mexicanos pasaron por la tarima grandes exponentes de la música reggae y ska como la banda paisa De bruces a mí, la cantante argentina Alika, entre otros.

La segunda versión del Jamming Festival congregaba al norte de la capital a miles de espectadores. Algunos aún esperaban afuera, retenidos por la estricta seguridad en el ingreso. “Está prohibido el ingreso de menores de edad, bebidas alcohólicas, cualquier tipo de alimentos o sustancias alucinógenas”. Las medidas de los organizadores, algunas impuestas sobre la marcha como la de los menores de edad, funcionaron parcialmente.

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde. El show de Panteón Rococó mantenía al frente a una inmensa mayoría de asistentes. El saxofonista, Misael Osseguera, se quitó la camisa tras la segunda canción y permaneció saltando y bailando a pesar del frío que recién comenzaba a notarse. El ya menguado sol del medio día, casi cancerígeno, contrastó con el clima de la tarde y la noche en el altiplano cundiboyacence.

Además de la tarima principal, el festival contaba con variedad de actividades complementarias. En el centro se agolpaban decenas de carpas en un espacio destinado por los organizadores. A mano izquierda –perspectiva del espectador del concierto– estaba la zona de comidas: cuatro puestos con distintas opciones, una fila constante para acceder, “porción personal de pizza por tan solo $7000”. Al fondo había una serie de toldos. Era la zona de curiosidades, recuerdos, bebidas etc. A su lado se encontraban en fila al menos unas veinte cabinas de baños portátiles. Canchas de fútbol y voleibol, zona de cine y de baile complementaban el panorama.

Volviendo la vista al escenario podía verse como Dr. Shenka interactuaba con el público. El juego consistía en definir cuál hemisferio de la masa humana gritaba más fuerte. Su derecha ganó. Pero el cantante decidió que los vencedores debían sumarse a los derrotados para que todos juntos despidieran la banda, que se retiró entre exclamaciones luego de casi dos horas de espectáculo. Letras con alto contenido social y de desamor. Canciones como La dosis perfecta, o La carencia, que fueron coreadas a gritos.

Cae la noche. Más frío y más música

Al caer la noche, las agrupaciones internacionales se tomaron la tarima del Jamming Festival 2013. Estuvieron precedidas por la presentación de la reconocida banda nacional Choc Quib Town. A ellos les siguió la jamaiquina Tanya Stephens, quien a pesar de la barrera idiomática logró contagiar de buena vibra al público cada vez más abrigado.

-Gracias, thank you, I love you –repetía la artista.

Complementaba esta frase con comentarios diversos. La mayoría del público se limitaba a aplaudir y silbar, también sonreían. Solo algunos asentían como para confirmar que captaban el mensaje: “I love you too”. Su soltura en el escenario, una sonrisa constante, y una voz capaz de estremecer hasta los más distantes, hicieron de la presentación de la jamaiquina una de las más memorables del festival.

La noche continuaba, el frío se hacía más hostil; pero, valga el lugar común, en el escenario subía la temperatura. Aproximadamente a las diez de la noche, una de las bandas más esperadas estremeció a cientos.

-¿Cuántos se enamoraron con estas canciones? –dijo uno de los presentadores.

La pregunta no buscaba respuesta, solo aclamaciones. Luego de cinco presentaciones en Colombia en menos de tres años, era comprensible que la banda puertoriqueña Cultura Profética se sintiera como en casa. El vocalista Willy Rodríguez solo necesitó un par de frases para compenetrarse con una multitud que los había esperado durante toda la jornada.

Algunas parejas se contagiaron del aire romántico de las canciones –el otro aire: helado, no metafísico, también ayudaba a requerir el contacto–. Los besos apasionados formaban parte del panorama del público en medio del frío nocturno. Aquí y allá, los cuerpos se acercaban, las manos se entrelazaban. Y la música al fondo.

Quizá desde la tarima los artistas podían verlo, quizá comprendían lo que la música despierta en quienes la perciben, tomaban consciencia de su poder.

Canciones de madrugada, “una chimba” de conclusión

Cerca de la media noche Cultura Profética concluyó su presentación en el Jamming Festival 2013. En lo más alto de la tarima aún ondeaban las banderas tricolores: verde, amarillo y rojo. Una porción de la masa humana se retiraba, pero solo era una tregua. El cantante de reggae y dance hall Capleton, fue aún más lejos que sus colegas mexicanos o su compatriota Tanya en asumir el lenguaje local. El jamaiquino memorizó un grito de batalla que repitió durante toda su presentación:

-¡UNA CHIMBA!

Un grito colectivo le era devuelto en cada ocasión por el público, compartían su punto de vista. Luego de más o menos hora y media de show Capleton se despidió y dio paso al invitado final de la jornada. El español Morodo sería el encargado de cerrar por lo alto la segunda edición del festival de reggae más importante de Colombia.

En esta ocasión la espera fue mayor. El sonido había respondido de manera óptima hasta el momento, y los encargados no querían que la conclusión fuera la excepción. El frío alcanzó entonces una cúspide casi intolerable, especialmente para quienes desconocían el clima capitalino. Luego de un rato retornó la música, pero Morodo no estaba.

En su lugar, su guitarrista Ras Kuko abrió la presentación saludando a los espectadores. La banda, compuesta por dos guitarras, bajo, batería, teclado, trompeta y saxofón, permanecía tocando en el escenario ante la ausencia del cantante. Este le hablaba a su público desde un lugar desconocido, les exigía una bulla más estridente para dejarse ver.

La dinámica duró algunos minutos, y aumentó la tensión. Cuando por fin el esperado apareció como por magia los gritos fueron incontenibles. Pero la alegría se convertiría en desconcierto unos momentos después. En medio de la primera canción, Más llama, las luces se apagaron y los micrófonos enmudecieron. La masa humana, sin embargo, continuó cantando hasta concluir el tema, mientras los ingenieros corrían desesperados por la tarima.

La oscuridad duró unos cinco minutos. Durante ese tiempo sobraron los silbidos reprobatorios. “Justo pasarle esto a Morodo, la tenían que cagar”. La turba enfurecida se reivindicó poco después, cuando Morodo retomó el espectáculo y les agradeció por su comprensiva actitud ante los problemas técnicos. Más música.

-Yo fumo marihuana, y mi mamá lo sabe –dijo– ¿quiénes de ustedes fuman conscientemente?
*Gritos*
-No tantos como los que levantan el porro –contestó escéptica una espectadora.

El español cantó la canción de su más reciente video: Fumo marihuana. Su mensaje se relaciona con la defensa del cantante hacia el consumo racional de la “hierba del rey”, citando a otra de sus conocidas composiciones. Sin embargo sus letras trascienden esta posición: la situación social, los abusos del poder y los prejuicios frente a los rastafari, también son temáticas recurrentes en su obra.

-Bueno, ahora sí nos debemos ir –dijo, anunciando por quinta vez su retirada–. Solo nos queda tiempo para una canción más.

¿Quiénes de ustedes quieren escuchar Rap ‘n party? –*más gritos*– ¿Quiénes quieren escuchar Divina Ciencia?

No era posible definir cuál de las dos facciones había ganado. El gesto democrático de Morodo dio por concluida una jornada cargada de música y “buena vibra”. Un festival internacional de la más alta calidad, capaz de congregar miles de personas unidas por un gusto común en un ambiente pacífico.

La letra de Divina ciencia, considerada un himno para los seguidores del reggae, fue lo último que escucharon los asistentes: “Yo no vine pa matarte, solo pa cantarte my friend (…) Yo no vine pa apuntarte, solo pa contarte que no se trata de religión, más bien se trata de amor propio y no querrás acabar en un ataúd envidiando la vida de otro”. Las luces se apagaron definitivamente, los “porros” no. Hasta el próximo año.

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