La Furruska suena y no se desgasta.

Publicado 05 agosto 2013 porEditor

Foto por Juan Urrego

Foto: Juan Urrego

Por Juan Manuel Flórez

@juanmaexos

La trayectoria de las bandas de rock, punk, ska, reggae y metal en Medellín suele estar limitada a ciertos escenarios fijos. La cima se alcanza rápido en una ciudad de mucha creatividad musical donde pocos logran trascender. Los públicos se agotan, la necesidad de innovación presiona a los músicos y a veces llega a acabar con alternativas interesantes.

Dejando de lado a las grandes leyendas como Ekhymosis, Bajo Tierra o Juanita Dientes Verdes, la mayoría de agrupaciones suelen rondar por los mismos caminos: pasar al Altavoz, participar en festivales municipales, sacar su primer disco, ser reconocidos localmente. Entre estos logros y la verdadera expansión de su música hay una barrera sólo flanqueada por algunos.

Sin embargo, como en todo, existen algunas excepciones; músicos capaces de revolucionar la escena local sin desgastar su impacto. Este es el caso de La Furruska, una banda de ska con ocho años de experiencia. A pesar de sonar muy a menudo en festivales y diversos eventos, la emoción que suscitan en sus seguidores no decrece. Se trata de un fenómeno musical que a través de letras contundentes y divertidas se ha ganado un lugar especial en la música de Medellín.

La banda cuenta con un álbum llamado “Salud y Ska”, y están a punto de lanzar un nuevo trabajo llamado “Soy Pueblo” –el cual reseñamos hace algunos días-. En los últimos dos años ha participado en gran cantidad de festivales y conciertos independientes como el Quitasol fest 2013, los clasificatorios y el concierto internacional de Altavoz 2012, la celebración de su octavo aniversario en abril de 2013, el concierto en el Parque de las Luces en 2012, el Festival Mediodía en Santa Rosa de Osos; entre otros.

En cada uno de estos eventos, una masa humana acompaña a la agrupación bailando y cantando. “Popeye, Popeye, Popeye” “Rogelio, Rogelio, Rogelio”, los coros del público hacen de fondo entre canción y canción de un espectáculo recurrente y gozado con igual intensidad en cada ocasión.

Trompeta, saxo alto y saxo tenor, a partir de ellos se despliega una creatividad que hace incontenibles las ansias de moverse, de saltar. Los conciertos de La Furruska se han convertido en una constante en el panorama de la ciudad, una fiesta obligada para quien gusta del ska y apoya la gestión de las bandas locales.

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