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Fito Páez y Andrea Echeverri: una noche memorable en Medellín

Posted on 08 Mayo 2013 by Editor

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Foto por Yojan Valencia

Por Juan Manuel Flórez Arias
@juanmaexos

La lluvia caía sobre una multitud expectante. Eran las cinco y treintaicinco de la tarde del cinco de mayo, año 2013. En los alrededores del Jardín Botánico de Medellín los puestos de comida ambulante servían de escampadero para algunos rezagados que aún no se adherían a la fila. Preferían comer antes a someterse a los excesivos precios dentro del concierto. Los demás eran una fila blanca: cientos de impermeables plásticos recién comprados, ubicados uno detrás de otro, rodeando la reja que delimitaba el lugar.

-Por aquí los de platino, formen otra fila por favor –anunció uno de los encargados del ingreso.

Los asistentes a la presentación de Fito Páez se dividieron en dos bandos: los aludidos esbozaron sonrisas de satisfacción y se apresuraron a adelantarse; los otros –los de la boleta económica–, empapados, emprendieron infructuosas discusiones con los empleados. “Yo estoy pagando por esto, llevamos más de una hora aquí”. “Señor, yo también estoy trabajando, hay menos gente con boleta platino, esto facilita el ingreso”.

Entre tanto, en el escenario ubicado en el Orquideorama, el panorama era distinto. La estructura –unas flores gigantescas de madera que hacen, simultáneamente, las veces de columnas, techo y decoración– mantenía al margen de la lluvia al público más madrugador. Este, sin embargo, estallaba esporádicamente en ataques de ira ante la demora del espectáculo; silbidos y gritos de protesta inentendibles.

-En la boleta decía cuatro de la tarde y ya son las seis –reclamó al aire una mujer joven, bonita.

-Estos eventos siempre se retrasan, ponen esa hora para que se les facilite el ingreso –dije, en un intento algo sonso por tranquilizarla, como si la pregunta me hubiera sido dirigida. Una sonrisa cruzada concluyó con el diálogo casual. La espera continuó.

A las seis y cuarenta minutos, antes de lo que esperaba, Andrea Echeverry dio inicio al espectáculo. Estaba vestida con un traje negro con huesos dibujados, una bufanda rosada y esponjosa, y unas gafas oscuras, grandes. Era, en sí misma, sin llegar a entonar el primer verso, toda una artista. Durante los siguientes minutos no solo se encargó de romper el hielo con el público; dio cátedra con una presentación que demostró su capacidad de explorar alternativas sonoras novedosas.

Estaba dando a conocer su nuevo disco, Ruiseñora, lanzado en diciembre del año pasado. Se trata de un trabajo discográfico dedicado a los derechos de las mujeres y la lucha contra la injusticia. Las canciones, desconocidas para la mayoría, fueron asimiladas por su fuerte contenido social y la pasión en la interpretación de la artista. Para concluir, Andrea tuvo el acierto de incluir algunos temas de Aterciopelados y se despidió del público entre palmas y coros: “Otra, otra, otra, otra…”. La otra no llegó, pero la bogotana dejó claro que era mucho más que un complemento previo al verdadero concierto.

Más tarde la vería cerca de la cabina de sonido, todavía con parte de su atuendo, presenciando el show del esperado de la noche. Este no tardó demasiado. Aproximadamente a las siete y media las luces se apagaron, la multitud olvidó las disputas del ingreso, la lluvia, la espera y se fusionó en un grito de júbilo. Al grito le siguió la intervención de una voz conocida internacionalmente, que ha revolucionado el rock en esta parte del planeta.

“El amor después del amor tal vez se parece a este rasho de sol, y ahora que busqué y ahora que encontré el perfume que sheva el dolor”. Los músicos estaban ubicados, pero Fito Páez seguía cantando fuera de la vista de todos. Su entrada triunfal al lado de la barranquillera Adriana Ferrer, corista de la gira, fue el inicio de una fiesta musical que se extendió durante más de dos horas.

El artista argentino conmemoró junto a su receptivo público de “Medeshín” los veinte años de El amor después del amor. El repertorio conservó el orden original del disco, e incluyó éxitos inolvidables que marcaron la vida de una generación: Circo Beat, Mariposa Tecnicolor, Dar es dar; canciones que para aquella multitud aclamante eran más que un buen recuerdo.

-Sho todavía creo en las siguientes palabras, aunque la vida me ha cambiado algunas –anunció Fito antes de sentarse frente al piano y cantar Al lado del camino: “Me gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa, me gusta abrir los ojos y estar vivo, haber sobrevivido mishones de resacas…”.

La madurez despierta nuevas facetas en los artistas. El Fito que vimos esa noche –con cincuenta años encima, más de tres décadas de trayectoria y algunas canas evidentes desde la distancia– fue el resultado de una vida dedicada al arte. Un artista riguroso y cercano. Las condiciones de sonido fueron óptimas y permitieron captar la emotividad del espectáculo sin muchos contratiempos. La música, los destellos, las palabras entre tema y tema, las palmas arriba, los saltos, las bromas casuales y los recuerdos se conjugaron en aquella noche memorable.

-Gracias a los músicos, a los técnicos de sonido y de luces, a los patrocinadores…y a ustedes obviamente, sin ustedes la vida no sería nada. Qué conclusión de gira tan hermosa, de verdad –exclamó el argentino y un momento después se aventuró a concluir con una especie de epifanía– Que viva la música, que viva la vida, que vivan los abrazos. Vivimos… ¡Vivamos para siempre!

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Andrea Echeverri: digna antesala de una celebración en grande

Posted on 08 Mayo 2013 by Editor

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Foto por Yojan Valencia

Por Mario Escobar Henao
@marito882
El día había llegado, era el turno para que Medellín celebrara los 20 años de
El Amor Después Del Amor, el disco de Fito Páez que se convirtió en uno
de los más importantes de su carrera, y en el más vendido de la historia del
rock argentino. Pero para esta gran fiesta se tenía preparado un preámbulo
muy especial, solicitado por el mismo artista rosarino: la presentación de la
cantautora colombiana Andrea Echeverri como invitada para abrir su show;
una artista que ha mantenido su vigencia durante 20 años (precisamente), y
siempre ha sido considerada como una de las mujeres más exitosas del rock
de nuestro país –sino la más exitosa-. Era el regreso de la capitalina a nuestra
ciudad, luego de su visita con Aterciopelados en el concierto programado por el
Congreso Iberoamericano de Cultura en 2010, donde también compartió cartel
con Fito.
En la previa, algunos disfrutaban a ritmo de reggae, y otros esperábamos por
un café, pero el tiempo de espera terminó y Andrea se hizo presente en el
escenario. Eran las 6:40 pm y terminaba de caer la noche en la lluviosa Capital
de la Montaña. Con trajes de estampado de esqueleto, un antifaz blanco y su
característica guitarra llena de coloridas calcomanías iniciaba el espectáculo
con Florence, un tema de su nuevo disco Ruiseñora, inspirado en la reconocida
feminista Florence Thomas; luego daría paso a un par de canciones de ese
mismo álbum, dedicando una de ellas a la situación social que vive Colombia
en la actualidad.
“Paciencia, estamos mostrando lo nuevo. Ya vienen los clásicos”: decía
Andrea frente a un sector que quería verla cantar los temas reconocidos de
Aterciopelados y ya empezaba a corear sus nombres; pero les daría gusto
unos minutos después con “Rompecabezas”, canción que remató con el
estribillo reiterado “Muchas gracias Medallo”, mostrando así el agradecimiento
al público paisa que fue testigo del show en el Orquideorama del Jardín
Botánico.
Luego, sus asistentes en escenario ponían ante ella una serie de pliegos con
diferentes tipos de cuerpos pintados, en los cuales ponía su rostro mientras
interpretaba su reciente sencillo: “Métetelo”; con ésta y con la canción “Yo”
dejaba un claro mensaje de cómo se siente consigo misma, de su personalidad
única y auténtica.
Retomaba la música de Aterciopelados con “Ataque de Risa”, una de las
últimas grabaciones del dúo conformado junto a Héctor Buitrago; y después de
presentar a su banda y grupo de colaboradores, generaba un éxtasis entre la
multitud con sus himnos “Baracunatana” y “El Estuche”, cerrando con algunos
souvenirs artesanales para el público tras 55 minutos de concierto.
Terminaba así el show de bienvenida a la fiesta, Andrea hizo una tarea
impecable y dejó la tarima entre aplausos y el tradicional grito de “otra, otra”.
Fue su oportunidad de mostrarnos ese nuevo álbum, el tercero como solista,
realizado en gran parte por ella misma y en el cual experimentó muchos
sonidos, incluso reemplazando la batería por instrumentos distintos de
percusión –lo cual fue muy evidente en su concierto-, y otros elementos que
le ayudarían a autodenominar ese estilo como “Rock Semilla”. Y según ha
manifestado en ocasiones anteriores, se ha hecho una pausa en el trabajo
de Aterciopelados para concentrarse, tanto ella como Héctor, en sus propios
proyectos, sin descartar un posible regreso en un par de años.
Ya todos habíamos calentado motores con la música de Andrea Echeverri y
comenzaba la expectativa de cara al número central, al alma de la fiesta, que
ya tenía varios puntos anotados con tan calurosa antesala.
Tags: El amor después del amor, 20 años, Fito Paez, Medellín, Andrea
Echeverri, Aterciopelados, Ruiseñora, Orquideorama, Concierto.

Por Mario Escobar Henao

@marito882

El día había llegado, era el turno para que Medellín celebrara los 20 años de El Amor Después Del Amor, el disco de Fito Páez que se convirtió en uno de los más importantes de su carrera, y en el más vendido de la historia del rock argentino. Pero para esta gran fiesta se tenía preparado un preámbulo muy especial, solicitado por el mismo artista rosarino: la presentación de la cantautora colombiana Andrea Echeverri como invitada para abrir su show; una artista que ha mantenido su vigencia durante 20 años (precisamente), y siempre ha sido considerada como una de las mujeres más exitosas del rock de nuestro país –sino la más exitosa-. Era el regreso de la capitalina a nuestra ciudad, luego de su visita con Aterciopelados en el concierto programado por el Congreso Iberoamericano de Cultura en 2010, donde también compartió cartel con Fito.

En la previa, algunos disfrutaban a ritmo de reggae, y otros esperábamos por un café, pero el tiempo de espera terminó y Andrea se hizo presente en el escenario. Eran las 6:40 pm y terminaba de caer la noche en la lluviosa Capital de la Montaña. Con trajes de estampado de esqueleto, un antifaz blanco y  su característica guitarra llena de coloridas calcomanías iniciaba el espectáculo con Florence, un tema de su nuevo disco Ruiseñora, inspirado en la reconocida feminista Florence Thomas; luego daría paso a un par de canciones de ese mismo álbum, dedicando una de ellas a la situación social que vive Colombia en la actualidad.

“Paciencia, estamos mostrando lo nuevo. Ya vienen los clásicos”: decía Andrea frente a un sector que quería verla cantar los temas reconocidos de Aterciopelados y ya empezaba a corear sus nombres; pero les daría gusto unos minutos después con “Rompecabezas”, canción que remató con el estribillo reiterado “Muchas gracias Medallo”, mostrando así el agradecimiento al público paisa que fue testigo del show en el Orquideorama del Jardín Botánico.

Luego, sus asistentes en escenario ponían ante ella una serie de pliegos con diferentes tipos de cuerpos pintados, en los cuales ponía su rostro mientras interpretaba su reciente sencillo: “Métetelo”; con ésta y con la canción “Yo” dejaba un claro mensaje de cómo se siente consigo misma, de su personalidad única y auténtica.

Retomaba la música de Aterciopelados con “Ataque de Risa”, una de las últimas grabaciones del dúo conformado junto a Héctor Buitrago; y después de presentar a su banda y grupo de colaboradores, generaba un éxtasis entre la multitud con sus himnos “Baracunatana” y “El Estuche”, cerrando con algunos souvenirs artesanales para el público tras 55 minutos de concierto.

Terminaba así el show de bienvenida a la fiesta, Andrea hizo una tarea impecable y dejó la tarima entre aplausos y el tradicional grito de “otra, otra”. Fue su oportunidad de mostrarnos ese nuevo álbum, el tercero como solista, realizado en gran parte por ella misma y en el cual experimentó muchos sonidos, incluso reemplazando la batería por instrumentos distintos de percusión –lo cual fue muy evidente en su concierto-, y otros elementos que le ayudarían a autodenominar ese estilo como “Rock Semilla”. Y según ha manifestado en ocasiones anteriores, se ha hecho una pausa en el trabajo de Aterciopelados para concentrarse, tanto ella como Héctor, en sus propios proyectos, sin descartar un posible regreso en un par de años.

Ya todos habíamos calentado motores con la música de Andrea Echeverri y comenzaba la expectativa de cara al número central, al alma de la fiesta, que ya tenía varios puntos anotados con tan calurosa antesala.

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FITO PÁEZ EN MEDELLÍN

Posted on 15 Abril 2013 by Editor

XX AMOR

Medellín se prepara para recibir a uno de los más grandes  del rock Argentino: FITO PAEZ; con su gira mundial
“EL AMOR DESPUES DEL AMOR XX AÑOS”
-Domingo 5 de Mayo. Orquideorama del Jardín Botánico de la ciudad de Medellín, 4:00 Pm

Esta es la oportunidad para vivir una experiencia única y evocar una época que ha marcado a millones de seguidores del rock en el mundo.

El Amor Después Del Amor es el disco más vendido en toda la historia del Rock Nacional Argentino, consagrando a FITO PÁEZ como uno de los más importantes artistas de su país y de Latinoamérica. El disco se convirtió en record de ventas en Argentina, 750.000 unidades se llegaron a contabilizar en su momento de mayor auge y  a la fecha la cifra supera  1.100.000 copias vendidas.

El show impecable, virtuoso y evocador del maestro Fito estará en nuestra ciudad. Medellín le da la bienvenida e inicia el conteo regresivo para una tarde mágica que se sembró hace 20 años y que en esta ocasión se combina de una manera perfecta, única e irrepetible dos décadas después.

Será una tarde inolvidable, con asado, vino, naturaleza, acompañada de canciones como Un vestido y un amor, La rueda mágica, Dos días en la vida, A rodar mi vida, El amor después del amor, Al lado del camino, Mariposa Teknicolor, entre muchas otras…

Como invitada especial, por petición del maestro Fito Páez, estará Andrea Echeverry, la consagrada y adorada vocalista de Aterciopelados.  Y ¿tú? ¿Ya tienes tu boleta?

FITO PAEZ “EL AMOR DESPUES DEL AMOR 20 AÑOS”
MEDELLÍN, DOMINGO 5 DE MAYO    4:00 PM
ORQUIDEORAMA JARDIN BOTANICO
INFORMES Y BOLETAS
www.tuboleta.com

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Niyireth le canta al amor y a la tierra

Posted on 01 Abril 2013 by Editor

Por Juan Manuel Flórez Arias @juanmaexos
En la tarima reposaban un cajón flamenco, un tiple y una guitarra. La dama, la esperada
subió al escenario. La media luz acentuó la emotividad del momento mientras Sandro Toro,
guitarra en mano, dio inicio a la velada con el primer acorde. Niyireth Alarcón deleitó al
escaso público del Café-Bar La Camerata con su voz cálida y su sonrisa permanente.
Era sábado, 2 de marzo del 2013, Medellín. Se trataba de la presentación previa al inicio
de su gira por Europa –los destinos: Suiza, España e Italia–. Pero esa noche la cantante de
Música Andina Colombiana aún no partía y estaba allí, al occidente de la ciudad, brindando
un espectáculo cargado de emotividad.
Tras quince años de trayectoria musical, Niyireth se ha consolidado como un referente
de los ritmos tradicionales del País del Sagrado Corazón. Sus alcances han trascendido
las fronteras nacionales, permitiéndole viajar a Europa y a otros países de Latinoamérica.
Ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su exaltación a la memoria musical
y cultural de esta tierra. Esa identidad que prevalece a pesar de la influencia de nuevas
tendencias musicales provenientes de todo el mundo.
Su voz, con un efecto casi hipnótico, le da una caracterización única. Siempre acompañada
de Sandro Toro y Juan Carlos Montes. Todos enamorados de la música y de su país. El
conjunto posee una instrumentación básica pero dinámica, que sabe aprovechar la potencia
y amplitud del registro de la cantante. Juan Carlos alterna la percusión acústica con el tiple,
Sandro acompaña con la guitarra y Catalina Restrepo complementa ocasionalmente con el
violín.
Pero más allá de la riqueza musical, y sin desconocerla, es la emotividad de la
interpretación lo que diferencia a Niyireth y a su grupo de otras alternativas en el medio
folclórico. Para Sandro su labor consiste en rescatar esos ritmos que tienden a quedar
en el olvido a causa de la globalización. Su proceso, desde esa perspectiva, no dista del
emprendido por ensayistas como William Ospina, quien a través de la palabra busca
comprender y difundir ese pasado común pluriétnico y multicultural.
Los diversos viajes le han dado al guitarrista una idea de lo que representan los ritmos
andinos colombianos en otros continentes. Afirma que en Europa los profesores de música,
acostumbrados a los clásicos, quedan fascinados al escuchar los géneros de esta parte
del mundo. La novedad es la que posibilita que la tradición latinoamericana se posicione
internacionalmente y adquiera reconocimiento en el ámbito musical, trascendiendo la
barrera del idioma.
La gira de Niyireth, que acaba de concluir, es una evidencia más de un género que se abre
a nuevos públicos, que explora nuevos sonidos y se reinventa sin abandonar sus raíces.
Ya sea en un escenario en suiza o en un discreto bar de Medellín, la cantante continúa
construyendo la historia del folclor colombiano. Cantándole al amor y a la tierra, o al amor
a la tierra; Niyireth es una mujer capaz de transmitir un sentimiento a través de su voz, la
realidad de un pueblo nacido de la diversidad.

Niyireth en Música Somos

Foto por Niyireth Alarcón

Por Juan Manuel Flórez Arias

@juanmaexos

En la tarima reposaban un cajón flamenco, un tiple y una guitarra. La dama, la esperada subió al escenario. La media luz acentuó la emotividad del momento mientras Sandro Toro, guitarra en mano, dio inicio a la velada con el primer acorde. Niyireth Alarcón deleitó al escaso público del Café-Bar La Camerata con su voz cálida y su sonrisa permanente.

Era sábado, dos de marzo del 2013, Medellín. Se trataba de la presentación previa al inicio de su gira por Europa –los destinos: Suiza, España e Italia–. Pero esa noche la cantante de Música Andina Colombiana aún no partía y estaba allí, al occidente de la ciudad, brindando un espectáculo cargado de emotividad.

Tras quince años de trayectoria musical, Niyireth se ha consolidado como un referente de los ritmos tradicionales del País del Sagrado Corazón. Sus alcances han trascendido las fronteras nacionales, permitiéndole viajar a Europa y a otros países de Latinoamérica.

Ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su exaltación a la memoria musical y cultural de esta tierra. Esa identidad que prevalece a pesar de la influencia de nuevas tendencias musicales provenientes de todo el mundo.

Su voz, con un efecto casi hipnótico, le da una caracterización única. Siempre acompañada de Sandro Toro y Juan Carlos Montes. Todos enamorados de la música y de su país. El conjunto posee una instrumentación básica pero dinámica, que sabe aprovechar la potencia y amplitud del registro de la cantante. Juan Carlos alterna la percusión acústica con el tiple, Sandro acompaña con la guitarra y Catalina Restrepo complementa ocasionalmente con el violín.

Pero más allá de la riqueza musical, y sin desconocerla, es la emotividad de la interpretación lo que diferencia a Niyireth y a su grupo de otras alternativas en el medio folclórico. Para Sandro su labor consiste en rescatar esos ritmos que tienden a quedar en el olvido a causa de la globalización. Su proceso, desde esa perspectiva, no dista del emprendido por ensayistas como William Ospina, quien a través de la palabra busca comprender y difundir ese pasado común pluriétnico y multicultural.

Los diversos viajes le han dado al guitarrista una idea de lo que representan los ritmos andinos colombianos en otros continentes. Afirma que en Europa los profesores de música, acostumbrados a los clásicos, quedan fascinados al escuchar los géneros de esta parte del mundo. La novedad es la que posibilita que la tradición latinoamericana se posicione internacionalmente y adquiera reconocimiento en el ámbito musical, trascendiendo la barrera del idioma.

La gira de Niyireth, que acaba de concluir, es una evidencia más de un género que se abre a nuevos públicos, que explora nuevos sonidos y se reinventa sin abandonar sus raíces. Ya sea en un escenario en Suiza o en un discreto bar de Medellín, la cantante continúa construyendo la historia del folclor colombiano. Cantándole al amor y a la tierra, o al amor a la tierra; Niyireth es una mujer capaz de transmitir un sentimiento a través de su voz, la realidad de un pueblo nacido de la diversidad.

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RAP TOUR FESTIVAL

Posted on 08 Marzo 2013 by Editor

Rap Tour en Música Somos

Música Somos presenta

RAP TOUR FESTIVAL

Que es RAP TOUR FESTIVAL?

Es la iniciativa de organizarnos como movimento hip hop, trabajando en asociaciòn para lograr mayores resultados, basados en el respeto, la profesionalizaciò y la autogestion.

OBJETIVOS

- Independizar y crear conciencia de industria.
- Profesionalizaciòn de propuestas dentro del HIPHOP
- Impulsar nuevos talentos
- Apropiaros de lo nuestro
- Involucrar la empresa privada
- uniòn de todo el genero.

COMO LOGRARLO

Consolidando un visionario proyecto que abarque e involecre a empresas y/o personas dspuestas a trabajar en equipo de una manera etica y profesional direccionando hacia un mismo objetivo:

En un principio el proyecto RAPTOUR FESTIVAL contiene:

- Ciclo de conciertos en el area metropolitana del valle de aburra con compra y venta de boleteria.
- Trabajo discografico y video con artistas referentes y/o en previa convocatoria
- Equipo profesional en el area de produccion musical, video, fotografia, diseño, mercadeo y medios para los nuevos talentos
- Empresas privadas vinculadas que creen en lo nuestro
- Equipo organizador con mucho conocimiento en el medio
- Mucho amor y respeto para todos.

Más info dando click acá

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La música hace su lucha en Castilla

Posted on 18 Febrero 2013 by Editor

Vi a Felipe afuera del ensayadero, Ciudad Frecuencia; estaba de pie, muy tranquilo, con
las manos en los bolsillos, sonriendo y saludando a todo el que pasaba. Su imagen me
recordó un concierto que dimos en una iglesia cuando pertenecíamos a la Red de Bandas y
Escuelas de Música de Medellín. Yo estaba en el coro, y justo en medio del evento, antes
de empezar la interpretación de ‘happy blues’, Felipe soltó chelo y se sentó en la batería
donde desbordó su faceta rockera.
Habían pasado más de diez años desde que lo conocí en la Red. Era un joven de unos
dieciocho años, enamorado de su instrumento, moreno, con su melena ondulada y larga,
siempre alegre y sonriente, portando una energía que impregnaba a los demás. Ahora lleva
una pequeña cresta y su contextura es más gruesa, pero es prácticamente el mismo en
actitud y juventud.
Me acerqué y le di un apretón de manos. Entramos sonrientes y recorrimos el corto pasillo
repleto de imágenes, fotos y dibujos, para desembocar en la sala de ensayos.
Andrés Felipe Laverde González es un violonchelista recientemente egresado de la
Universidad de Antioquia. Trabaja con la comunidad desde la música a través de Ciudad
Frecuencia, un colectivo cultural del barrio Castilla que funciona desde hace ocho años y
tiene como evento principal el Castilla Festival Rock, que en diciembre realizó su sexta
versión.
Ciudad Frecuencia también es una sala de ensayos. Su nombre no está pintado en ninguna
parte, pues la fachada del sitio consta de una sencilla puerta metálica y una pared con un
gráfico que no entendí, junto a un local de productos naturistas.
Está ubicado en pleno boulevard de Castilla, en la carrera 68 con la calle 96. De todas las
cuadras que componen esta avenida de fiesta, tabernas, restaurantes y discotecas, ésta en
particular es la de los rockeros; gracias a los bares de rock y reggae y al ensayadero, que
llegó hace dos años para consolidar el ambiente de este espacio.
Es un lugar acogedor, de paredes rojas, lleno de líneas y amplificadores, con la batería en el
centro y los demás instrumentos a su alrededor. Nos sentamos y encendí la grabadora.
Yo: ¿Qué música escuchas?
Felipe: La música. Realmente la música, para mí, es una. Sólo hay una. Más allá de géneros
y ritmos, está la música.
Yo: ¿Cómo iniciaste con todo esto?
Felipe: Con las chirimías. Fui parte del grupo Renovación a los diez años. Aprendí la
percusión de manera empírica, pero después ingresé a la Red, donde me enamoré del
violonchelo, y luego estudié profesionalmente en la UdeA.
Me cuenta que tocó la batería en una agrupación con unos parceros, Tierra, pero al final no
sucedió nada con ellos. Asimismo, divagó entre colectivos encargados de hacer música de
eventos, ambientación y teatro.
Yo: ¿Qué te ha dado la música?
Hubo un silencio y Felipe apreció el espacio lentamente; cada instrumento, cada imagen, el
aire acondicionado que goteaba y después, como si hubiera vuelto de un trance, respondió:
Felipe: Las ganas de vivir, de seguir adelante con mi vida. La música llegó en momentos
difíciles de mi vida: el fin de mi carrera como deportista por una lesión y el asesinato de mi
mejor amigo.
La guerra de bandas tocó directamente a Felipe, quien somatizó la muerte y el rechazo de
la misma en la música y las artes, donde encontró una salida diferente. Allí se vinculó a la
chirimía y luego a la Red. Centró su vida en las melodías y armonías, y deseó compartirlo.
Yo: ¿Cómo empezó Ciudad Frecuencia?
Felipe: Comenzó con unos amigos. Nosotros nos reuníamos en la Guardia Bar Rock. Por
esos días, yo tenía unos equipos porque quería montar una agrupación, pero hablando con
Juan Salazar, que siempre ha sido un impulsador de las bandas de acá, pensé en pegármele
a su experiencia y realizar un concierto. Entonces, invitamos a varios grupos y en el
proceso se me ocurrió hacer algo más grande que un concierto, hacer un Festival.
Los jóvenes (entre los que estaba Felipe) de la Guardia Bar Rock (bar del barrio
Castilla) fueron pioneros en sonar rock en su local, donde a su vez, realizaban diferentes
tipos de eventos, con el fin de apoyar a las propuestas musicales del barrio. El grupo,
posteriormente, se motivó con la idea de trabajar de una manera más social y estructurada,
invitando a la participación de la comunidad, y buscando nuevas propuestas en la escena
artística y cultural. Se estipuló, entonces, lo siguiente:
“CIUDAD FRECUENCIA apoya y consolida la escena musical en sus
diferentes géneros mediante la muestra del talento de los jóvenes de toda la
ciudad, quienes unidos por un objetivo común, ‘la música’, tienen el deseo y
la plena voluntad de expresar a toda la Ciudad la evolución de su trabajo; el
aprendizaje producto de la disciplina y la entrega por lo que se hace.
Generar un espacio de encuentro para la convivencia y el reconocimiento
del talento local a través de la realización de diferentes eventos musicales:
se posibilitará el encuentro de pares, gustos estéticos e ideologías, con la
intencionalidad de generar opciones de esparcimiento para expresar el sentir
y actuar de las diferentes comunidades que se vinculen al mismo.
CIUDAD FRECUENCIA es un proyecto de carácter comunitario que abre
espacios a beneficio de las agrupaciones y grupos artísticos de la ciudad.
Vincula a la comunidad, al barrio y a la ciudad de forma activa en los
procesos”.
(Misión – fuente: facebook.com/ciudad.frecuencia)
Felipe estaba convencido de la realización de algo grande y se hizo en el 2008 el Castilla
Festival Rock, en la carrera 68 (“le llamamos la tarima central”, dice Felipe), con un
presupuesto nulo y equipos prestados por unos y por otros. En otras palabras, se hizo con
las uñas.
Felipe: Hicimos varios conciertos y las bandas que iban tocando en la Guardia las
seleccionábamos para el festival. También los mandábamos a tocar en otras partes y casi
que nos fuimos volviendo los representantes de varios grupos. Entonces, Susi Tamayo
(Integrante del colectivo) nos dijo que debíamos tener un nombre. Yo decía que la Guardia,
pero ella insistió en que la Guardia era el bar y que esto era un colectivo cultural. Ella
propuso Frecuencia y así estuvo por un tiempo, pero a mí se me ocurrió algo: si vos te
ponés a reparar, las crestas de la frecuencia forman edificios, una ciudad… así que yo luego
propuse Ciudad Frecuencia.
Yo: ¿Qué otro proyectos tiene Ciudad Frecuencia?
Felipe: Pues, yo vengo en estos momentos de San Javier, donde montamos otro ensayadero
con los compañeros de la Casa Morada; hacemos “ensayos con público”, que es sacar
el ensayo a la calle, donde la gente vea a las agrupaciones y los muchachos sientan un
acercamiento a la tarima; orientamos a las bandas desde lo musical hasta lo administrativo;
tenemos “A la salida nos vemos”, que es una iniciativa desde los colegios: uno decía de
niño “a la salida nos vemos” y ya sabía que era para pelear, pero nosotros vamos con la
propuesta de encontrarnos para hacer música, para hacer arte. Es llegar a los colegios y a
las familias.
La música como estrategia
Ciudad Frecuencia no se quedó en música. Además del concierto, Felipe, en afán de
trabajar por la comunidad, llevo a cabo nuevas propuestas en conjunto de Toke de Salida,
colectivo cultural de la comuna 6 (12 de octubre), liderado por Luis Fernando Orozco. Este
grupo lleva, al igual que Ciudad Frecuencia, el arte como táctica y estandarte.
“Toke de Salida viene siendo un ejercicio de actuación por la reivindicación de la vida en la
zona noroccidental de Medellín. Surge como una iniciativa por el toque de queda vivido en
el 2009”, cuenta Luis Fernando.
Debido al conflicto en las comunas en el año 2009, la alcaldía municipal impuso un toque
de queda en algunos sectores de la ciudad, entre los cuales estuvieron 12 de octubre y
Castilla. La medida advertía la inseguridad del momento y la participación de los jóvenes
en esta. Además, surgieron las “fronteras invisibles”, espacios que delimitaban los
territorios de las bandas, ubicando puntos rojos en los postes de los barrios.
“Esta calle es nuestra”, fue y es la iniciativa principal de Toke de Salida y Ciudad
Frecuencia. La dinámica consiste en salir a caminar y traspasar las fronteras invisibles, a
manera de marcha y festival. Luego, ubicarse en cualquier esquina y tocar.
Orozco agrega, “realizamos movilizaciones, pintadas de murales, articulación de procesos
juveniles y la actuación directa por el respeto a la vida y la dignificación de la vida”.
Max Yuri Gil, profesor del Instituto de Estudios Políticos, dice al respecto, “muchas de
estas organizaciones se convierten en una alternativa frente a la violencia o propuestas de
organizaciones armadas, a partir de la construcción de espacios”.
“Tenemos un vasto tejido social, a veces invisible, pero que denota una gran actividad
ciudadana en torno a iniciativas culturales que reivindican derechos, que promueven
acciones de fortalecimiento de la población y de la sociedad civil”, agrega Max Yuri.
Felipe: Nos tomamos las calles, tocamos en las esquinas, recorremos los barrios.
Aprovechamos y en estos parches vamos haciendo la elección de las bandas que nos
acompañan luego en diciembre en el Castilla Festival Rock.
Así llegan a la comunidad. El fruto se ha visto en la cantidad de jóvenes y bandas que se
han formado en las artes. En sus letras, sonidos y rutinas expresan su desazón con la guerra.
La tarima es el espacio para manifestar su sentir.
Uno de los procesos relevantes de CF es el de Carpe Diem, agrupación que combina el rock
y la salsa con letras y aullidos de dolor y esperanza.
“Una madre que espera, una noticia en su puerta, mataron a su hijo, madre.
El hijo que ella espera y no dejará de esperar… cadáver y ausencia, los
muertos no caminan ni hacen compañía, madre, olvídalo, ya no vendrá,
olvídalo” – Disparos, Carpe Diem, agrupación de Castilla.
“El proceso con CF ha sido muy importante para el crecimiento de la banda. El trabajo de
Felipe nos motiva a tocar por la vida”, cuenta Oscar Restrepo, integrante del grupo.
La grabadora ya está apagada. Salimos del ensayadero. Estamos en plena 68. Ha cambiado
mucho, la verdad. Ahora se ve más novedosa. Antes fue un poco más desordenada (más
rockstar). Yo le agradezco a Felipe, mientras mencionamos una que otra trivialidad que
es interrumpida repetidamente por los saludos de la gente de los otros locales. Cruzamos
despedidas y bajo lentamente de la “tarima central”.

Ciudad Frecuencia en Música Somos

Por Lois Madrid
@loismadrid

Vi a Felipe afuera del ensayadero, Ciudad Frecuencia; estaba de pie, muy tranquilo, con las manos en los bolsillos, sonriendo y saludando a todo el que pasaba. Su imagen me recordó un concierto que dimos en una iglesia cuando pertenecíamos a la Red de Bandas y Escuelas de Música de Medellín. Yo estaba en el coro, y justo en medio del evento, antes de empezar la interpretación de ‘happy blues’, Felipe soltó chelo y se sentó en la batería donde desbordó su faceta rockera.

Habían pasado más de diez años desde que lo conocí en la Red. Era un joven de unos dieciocho años, enamorado de su instrumento, moreno, con su melena ondulada y larga, siempre alegre y sonriente, portando una energía que impregnaba a los demás. Ahora lleva una pequeña cresta y su contextura es más gruesa, pero es prácticamente el mismo en actitud y juventud.

Me acerqué y le di un apretón de manos. Entramos sonrientes y recorrimos el corto pasillo repleto de imágenes, fotos y dibujos, para desembocar en la sala de ensayos.

Andrés Felipe Laverde González es un violonchelista recientemente egresado de la Universidad de Antioquia. Trabaja con la comunidad desde la música a través de Ciudad Frecuencia, un colectivo cultural del barrio Castilla que funciona desde hace ocho años y tiene como evento principal el Castilla Festival Rock, que en diciembre realizó su sexta versión.

Ciudad Frecuencia también es una sala de ensayos. Su nombre no está pintado en ninguna parte, pues la fachada del sitio consta de una sencilla puerta metálica y una pared con un gráfico que no entendí, junto a un local de productos naturistas.

Está ubicado en pleno boulevard de Castilla, en la carrera 68 con la calle 96. De todas las cuadras que componen esta avenida de fiesta, tabernas, restaurantes y discotecas, ésta enparticular es la de los rockeros; gracias a los bares de rock y reggae y al ensayadero, que llegó hace dos años para consolidar el ambiente de este espacio.

Es un lugar acogedor, de paredes rojas, lleno de líneas y amplificadores, con la batería en el centro y los demás instrumentos a su alrededor. Nos sentamos y encendí la grabadora.

Yo: ¿Qué música escuchas?

Felipe: La música. Realmente la música, para mí, es una. Sólo hay una. Más allá de géneros y ritmos, está la música.

Yo: ¿Cómo iniciaste con todo esto?

Felipe: Con las chirimías. Fui parte del grupo Renovación a los diez años. Aprendí la percusión de manera empírica, pero después ingresé a la Red, donde me enamoré del violonchelo, y luego estudié profesionalmente en la UdeA.

Me cuenta que tocó la batería en una agrupación con unos parceros, Tierra, pero al final no sucedió nada con ellos. Asimismo, divagó entre colectivos encargados de hacer música de eventos, ambientación y teatro.

Yo: ¿Qué te ha dado la música?

Hubo un silencio y Felipe apreció el espacio lentamente; cada instrumento, cada imagen, el aire acondicionado que goteaba y después, como si hubiera vuelto de un trance, respondió:

Felipe: Las ganas de vivir, de seguir adelante con mi vida. La música llegó en momentos difíciles de mi vida: el fin de mi carrera como deportista por una lesión y el asesinato de mi mejor amigo.

La guerra de bandas tocó directamente a Felipe, quien somatizó la muerte y el rechazo de la misma en la música y las artes, donde encontró una salida diferente. Allí se vinculó a la chirimía y luego a la Red. Centró su vida en las melodías y armonías, y deseó compartirlo.

Yo: ¿Cómo empezó Ciudad Frecuencia?

Felipe: Comenzó con unos amigos. Nosotros nos reuníamos en la Guardia Bar Rock. Por esos días, yo tenía unos equipos porque quería montar una agrupación, pero hablando con Juan Salazar, que siempre ha sido un impulsador de las bandas de acá, pensé en pegármele a su experiencia y realizar un concierto. Entonces, invitamos a varios grupos y en el proceso se me ocurrió hacer algo más grande que un concierto, hacer un Festival.

Los jóvenes (entre los que estaba Felipe) de la Guardia Bar Rock (bar del barrio Castilla) fueron pioneros en sonar rock en su local, donde a su vez, realizaban diferentes tipos de eventos, con el fin de apoyar a las propuestas musicales del barrio. El grupo, posteriormente, se motivó con la idea de trabajar de una manera más social y estructurada, invitando a la participación de la comunidad, y buscando nuevas propuestas en la escena artística y cultural. Se estipuló, entonces, lo siguiente:

“CIUDAD FRECUENCIA apoya y consolida la escena musical en sus diferentes géneros mediante la muestra del talento de los jóvenes de toda la ciudad, quienes unidos por un objetivo común, ‘la música’, tienen el deseo y la plena voluntad de expresar a toda la Ciudad la evolución de su trabajo; el aprendizaje producto de la disciplina y la entrega por lo que se hace.

Generar un espacio de encuentro para la convivencia y el reconocimiento del talento local a través de la realización de diferentes eventos musicales: se posibilitará el encuentro de pares, gustos estéticos e ideologías, con la intencionalidad de generar opciones de esparcimiento para expresar el sentir y actuar de las diferentes comunidades que se vinculen al mismo.

CIUDAD FRECUENCIA es un proyecto de carácter comunitario que abre espacios a beneficio de las agrupaciones y grupos artísticos de la ciudad. Vincula a la comunidad, al barrio y a la ciudad de forma activa en los procesos”.

(Misión – fuente: facebook.com/ciudad.frecuencia)

Felipe estaba convencido de la realización de algo grande y se hizo en el 2008 el Castilla Festival Rock, en la carrera 68 (“le llamamos la tarima central”, dice Felipe), con un presupuesto nulo y equipos prestados por unos y por otros. En otras palabras, se hizo con las uñas.

Felipe: Hicimos varios conciertos y las bandas que iban tocando en la Guardia las seleccionábamos para el festival. También los mandábamos a tocar en otras partes y casi que nos fuimos volviendo los representantes de varios grupos. Entonces, Susi Tamayo (Integrante del colectivo) nos dijo que debíamos tener un nombre. Yo decía que la Guardia, pero ella insistió en que la Guardia era el bar y que esto era un colectivo cultural.

Ella propuso Frecuencia y así estuvo por un tiempo, pero a mí se me ocurrió algo: si vos te ponés a reparar, las crestas de la frecuencia forman edificios, una ciudad… así que yo luego propuse Ciudad Frecuencia.

Yo: ¿Qué otro proyectos tiene Ciudad Frecuencia?

Felipe: Pues, yo vengo en estos momentos de San Javier, donde montamos otro ensayadero con los compañeros de la Casa Morada; hacemos “ensayos con público”, que es sacar el ensayo a la calle, donde la gente vea a las agrupaciones y los muchachos sientan un acercamiento a la tarima; orientamos a las bandas desde lo musical hasta lo administrativo; tenemos “A la salida nos vemos”, que es una iniciativa desde los colegios: uno decía de niño “a la salida nos vemos” y ya sabía que era para pelear, pero nosotros vamos con la propuesta de encontrarnos para hacer música, para hacer arte. Es llegar a los colegios y a las familias.

La música como estrategia

Ciudad Frecuencia en Música Somos

Ciudad Frecuencia no se quedó en música. Además del concierto, Felipe, en afán de trabajar por la comunidad, llevo a cabo nuevas propuestas en conjunto de Toke de Salida, colectivo cultural de la comuna 6 (12 de octubre), liderado por Luis Fernando Orozco. Este grupo lleva, al igual que Ciudad Frecuencia, el arte como táctica y estandarte.

“Toke de Salida viene siendo un ejercicio de actuación por la reivindicación de la vida en la zona noroccidental de Medellín. Surge como una iniciativa por el toque de queda vivido en el 2009”, cuenta Luis Fernando.

Debido al conflicto en las comunas en el año 2009, la alcaldía municipal impuso un toque de queda en algunos sectores de la ciudad, entre los cuales estuvieron 12 de octubre y Castilla. La medida advertía la inseguridad del momento y la participación de los jóvenes en esta. Además, surgieron las “fronteras invisibles”, espacios que delimitaban los territorios de las bandas, ubicando puntos rojos en los postes de los barrios.

“Esta calle es nuestra”, fue y es la iniciativa principal de Toke de Salida y Ciudad Frecuencia. La dinámica consiste en salir a caminar y traspasar las fronteras invisibles, a manera de marcha y festival. Luego, ubicarse en cualquier esquina y tocar.

Orozco agrega, “realizamos movilizaciones, pintadas de murales, articulación de procesos juveniles y la actuación directa por el respeto a la vida y la dignificación de la vida”.

Max Yuri Gil, profesor del Instituto de Estudios Políticos, dice al respecto, “muchas de estas organizaciones se convierten en una alternativa frente a la violencia o propuestas de organizaciones armadas, a partir de la construcción de espacios”.

“Tenemos un vasto tejido social, a veces invisible, pero que denota una gran actividadciudadana en torno a iniciativas culturales que reivindican derechos, que promueven acciones de fortalecimiento de la población y de la sociedad civil”, agrega Max Yuri.

Felipe: Nos tomamos las calles, tocamos en las esquinas, recorremos los barrios. Aprovechamos y en estos parches vamos haciendo la elección de las bandas que nos acompañan luego en diciembre en el Castilla Festival Rock.

Así llegan a la comunidad. El fruto se ha visto en la cantidad de jóvenes y bandas que se han formado en las artes. En sus letras, sonidos y rutinas expresan su desazón con la guerra.

La tarima es el espacio para manifestar su sentir. Uno de los procesos relevantes de CF es el de Carpe Diem, agrupación que combina el rock y la salsa con letras y aullidos de dolor y esperanza.

“Una madre que espera, una noticia en su puerta, mataron a su hijo, madre. El hijo que ella espera y no dejará de esperar… cadáver y ausencia, los muertos no caminan ni hacen compañía, madre, olvídalo, ya no vendrá, olvídalo” – Disparos, Carpe Diem, agrupación de Castilla.

“El proceso con CF ha sido muy importante para el crecimiento de la banda. El trabajo de Felipe nos motiva a tocar por la vida”, cuenta Oscar Restrepo, integrante del grupo.

La grabadora ya está apagada. Salimos del ensayadero. Estamos en plena 68. Ha cambiado mucho, la verdad. Ahora se ve más novedosa. Antes fue un poco más desordenada (más rockstar). Yo le agradezco a Felipe, mientras mencionamos una que otra trivialidad que es interrumpida repetidamente por los saludos de la gente de los otros locales. Cruzamos despedidas y bajo lentamente de la “tarima central”.

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El camino histórico de la mujer rockera

Posted on 11 Febrero 2013 by Editor

The-Bangles

Por Mario Escobar Henao
@marito882

Hace pocos días a través de este medio reseñábamos un documental realizado por nuestro amigo Diego Londoño acerca de la historia de las mujeres que hacen rock en Medellín. Un trabajo en el que las integrantes de bandas como I.R.A y Fértil Miseria nos cuentan cómo se abrieron paso entre los hombres para surgir en el ámbito musical local, sirviendo de esta manera para facilitar el camino a nuevas bandas femeninas que también nos dieron a conocer sus experiencias, como el caso de Lilith e Insurgentas.

Es claro, como algunas de ellas lo mencionan, que empezaron a transitar por el sendero del rock escuchando los discos de sus hermanos mayores, o en los parches de familiares suyos; pero no cabe duda que, directa o indirectamente, pudieron tener la influencia de muchas mujeres que han marcado historia desde finales de los 60. Fue en esa época cuando la figura de Janis Joplin empezaba a aparecer con su rebeldía y su poderosa voz, llegando incluso a ser una de las artistas más destacadas en el cartel del festival Woodstock 69; una carrera promisoria que lamentablemente se vio interrumpida en 1970 con su repentina muerte a los 27 años.

Iniciando los 70 vendría la “madrina del punk” Patti Smith con un toque poético en sus letras, integradas al rock n’ roll; y llegando a la mitad de la década nacían las que podrían considerarse las dos primeras bandas de hard rock compuestas exclusivamente por chicas: Heart y The Runaways. La primera se mantiene activa gracias al trabajo de las hermanas Wilson, mientras la segunda duró sólo cuatro años, pero de allí surgieron dos mujeres como Joan Jett y Lita Ford, que luego tendrían exitosos proyectos en solitario –incluso hasta hoy se mantienen en actividad-. Otras mujeres que causaron sensación en esa década, tanto por su voz como por su actitud y su belleza, fueron Debbie Harry, quien comandaba la banda de new wave Blondie, y Stevie Nicks de Fleetwood Mac.

Ya durante los 80, sumándose a las artistas anteriormente mencionadas, nacía otra de las famosas agrupaciones femeninas de gran versatilidad musical, The Bangles. Y siguiendo esa línea del new wave también entraron en escena Annie Lennox con Eurythmics, Chrissie Hynde con The Pretenders, y Pat Benatar.

Con la llegada de los 90 y el rock alternativo se sumaron muchas más chicas, acercándose un poco más a la proporción hombre-mujer en la música. Sobresalientes por calidad artística y carisma, varias fueron la influencia de las jóvenes que actualmente hacen música en muchas partes del mundo –incluído nuestro país-. Fue el turno de Dolores O’Riordan, Courtney Love, Björk, Gwen Stefany, Shirley Manson, Nina Persson, Alanis Morissette, Sheryl Crow, entre otras de menor figuración.

A mediados de dicha década se masificaron también los gustos de las mujeres hacia el metal en sus distintas variantes. En Canadá nacía otro grupo formado únicamente por chicas, dedicándose al groove metal: Kittie. En cuanto al hard rock, con una voz un poco inclinada al gótico, llegaba Amy Lee con Evanescenes. Y ya metiéndonos en el metal gótico como tal, es muy grande la lista de bandas con vocalistas mujeres, siendo Nightwish, Epica y Lacuna Coil las de mayor reconocimiento mundial.

Cerrando esta reseña evolutiva del papel de la mujer en el rock, y volviendo al plano nacional, no podía dejarse de lado a una persona que es considerada como gran referente del rock femenino de nuestro país: Andrea Echeverri, aquella mujer que conocimos desde inicios de los 90 con su cabeza casi rapada, su guitarra con flores, su estilo irreverente y su potente voz, y que gracias a su banda Aterciopelados puso en altos lugares el rock colombiano.

Así, desde tempranos decenios, la mujer empezó a construir su propia historia en el rock, sirviendo de ejemplo para que en Medellín y Colombia también hubiera una amplia participación femenina en la música, hasta el punto de tener numerosas bandas donde la mujer es parte fundamental. Con ello queda demostrado que no sólo han sabido ganarse su lugar en el género, sino que también se han convertido en las “mandamás” o las figuras principales en una banda donde, en muchos casos, el resto son hombres.

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Los Árboles y su disco sin nombre

Posted on 07 Febrero 2013 by Editor

A finales del 97, cuando agonizaba la última década del milenio, fue lanzado a través del sello
Lorito Records el primer y único disco de Los Árboles. Un nombre que nada tiene que ver con
el compromiso ecológico. Se trata de una iniciativa musical que reúne una mezcla de sonidos
inusuales para el contexto de la época, caracterizada por un aire alternativo, subyacente, alejado
de las grandes cámaras. Resumiendo: un estilo íntimo.
La banda fue conformada a principios de los noventa y contó con una receptividad aceptable en
la escena local; constituida entonces principalmente por bandas de punk y metal. Sus músicos
provenían de esa corriente popularmente llamada “chatarruda” que con tanta fuerza impulsó a
las primeras y legendarias bandas de la ciudad. Decidieron sin embargo alejarse de los pogos y
los estruendosos conciertos y permitirse la influencia de un post punk que recién surgía en otras
partes del mundo.
Dejan en el público cierta incertidumbre, tanto en sus letras como en el arte del disco: sin nombre
visible, ni letras de canciones, ni los nombres de los integrantes. Le arrebatan el ropaje mediático
a su trabajo, desnudando así su esencia. Es un referente de la música nacida en las calles,
impregnada de ese humor, a veces mal oliente o fragante, de ciudad.
Tal como expresa Federico López, productor de la efímera disquera independiente Lorito Records,
“ni los medios, ni la gente sabían qué hacer con Los Árboles, preferían homologarlo con otros
proyectos que consideraban similares. Muchas veces se crea una niebla que impide diferenciar lo
trascendente”. Sin ánimo de entrar a discutir su trascendencia, veinte años después se evidencia
en parte el aspecto anacrónico que caracterizó a esta banda.
Su caso es distinto al de Kraken u otros grupos de la época. No caen en la evocación, no son los
viejos fans quienes desentierran a Los Árboles, son principalmente los jóvenes quienes comienzan
a tomarlos como algo importante para la música de la ciudad.
En definitiva, el disco sin nombre no fue un éxito en ventas. De hecho, no mucho tiempo después
de su lanzamiento la banda se desintegró, al igual que Lorito Records. Pocos, de los ya escasos
seguidores, conservaron algunas copias del álbum y fue así como el proyecto cayó en un relativo
olvido. Olvido que no contaba con la magia del internet, esa que terminó por derrumbarlo.
Actualmente Alejandro Saldarriaga, fundador de la banda, y otros ex integrantes han conformado
un nuevo proyecto llamado Sultán. Sin embargo, lo consideran como una evolución musical más
que la reestructuración del pasado. “No tengo nada que decir de Los Árboles, ese fue un proceso
que concluyó”…dice Alejandro. Quizá todo sucedió de acuerdo a su filosofía, a esa insistencia por
conservar la independencia y por hacer de la música un diálogo personal.

Los Árboles en Música Somos

Por Juan Manuel Flórez
@juanmaexos

A finales del 97, cuando agonizaba la última década del milenio, fue lanzado a través del sello Lorito Records el primer y único disco de Los Árboles. Un nombre que nada tiene que ver con el compromiso ecológico. Se trata de una iniciativa musical que reúne una mezcla de sonidos inusuales para el contexto de la época, caracterizada por un aire alternativo, subyacente, alejado de las grandes cámaras. Resumiendo: un estilo íntimo.

La banda fue conformada a principios de los noventa y contó con una receptividad aceptable en la escena local; constituida entonces principalmente por bandas de punk y metal. Sus músicos provenían de esa corriente popularmente llamada “chatarruda” que con tanta fuerza impulsó a las primeras y legendarias bandas de la ciudad. Decidieron sin embargo alejarse de los pogos y los estruendosos conciertos y permitirse la influencia de un post punk que recién surgía en otras partes del mundo.

Dejan en el público cierta incertidumbre, tanto en sus letras como en el arte del disco: sin nombre visible, ni letras de canciones, ni los nombres de los integrantes. Le arrebatan el ropaje mediático a su trabajo, desnudando así su esencia. Es un referente de la música nacida en las calles, impregnada de ese humor, a veces mal oliente o fragante, de ciudad.

Tal como expresa Federico López, productor de la efímera disquera independiente Lorito Records, “ni los medios, ni la gente sabían qué hacer con Los Árboles, preferían homologarlo con otros proyectos que consideraban similares. Muchas veces se crea una niebla que impide diferenciar lo trascendente”. Sin ánimo de entrar a discutir su trascendencia, veinte años después se evidencia en parte el aspecto anacrónico que caracterizó a esta banda.

Su caso es distinto al de Kraken u otros grupos de la época. No caen en la evocación, no son los viejos fans quienes desentierran a Los Árboles, son principalmente los jóvenes quienes comienzan a tomarlos como algo importante para la música de la ciudad.

En definitiva, el disco sin nombre no fue un éxito en ventas. De hecho, no mucho tiempo después de su lanzamiento la banda se desintegró, al igual que Lorito Records. Pocos, de los ya escasos seguidores, conservaron algunas copias del álbum y fue así como el proyecto cayó en un relativo olvido. Olvido que no contaba con la magia del internet, esa que terminó por derrumbarlo.

Actualmente Alejandro Saldarriaga, fundador de la banda, y otros ex integrantes han conformado un nuevo proyecto llamado Sultán. Sin embargo, lo consideran como una evolución musical más que la reestructuración del pasado. “No tengo nada que decir de Los Árboles, ese fue un proceso que concluyó”…dice Alejandro. Quizá todo sucedió de acuerdo a su filosofía, a esa insistencia por conservar la independencia y por hacer de la música un diálogo personal.

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Entre instrumentos y cámaras: Los músicos en la pantalla grande

Posted on 25 Enero 2013 by Editor

grabando concierto
Foto por Juan Yago

Por Mario Escobar Henao
@marito882

Para nadie es un secreto que el video y las producciones audiovisuales se han convertido en un agregado para la promoción de un artista o producto musical.

Desde mediados del siglo pasado -o quizá un poco antes- han quedado registradas en video muchas canciones de los artistas de la época, en cuyas tomas podemos verlos haciendo sus respectivos performances, y en algunos pasajes nos muestran un público eufórico (si lo hay) disfrutando del show.

Otros quisieron ir más allá, quisieron una relación más estrecha con el mundo del cine, gracias a ello tuvimos a Elvis protagonizando su extensa filmografía (33 largometrajes), a unos Beatles con historias algo inverosímiles pero divertidas, a los Kiss maquillados mostrándose como héroes con superpoderes, entre otros; todo ello sin contar a un buen número de músicos que han tenido carreras paralelas como actores, productores o directores cinematográficos.

Gracias a esta “hermandad” entre el cine y la música, el videoclip avanzó al punto de tener un argumento, que en muchas ocasiones no tiene que ver mucho con la canción en cuestión, pero que de todas maneras deja un mensaje, o por lo menos descresta al espectador: un claro ejemplo de ello fue lo que logró Michael Jackson con Thriller, que más que un videoclip se le considera un cortometraje musical, gracias a su magnífica puesta en escena y duración (casi 14 minutos). Algunos artistas, que quizá no ven la actuación como lo suyo, han preferido lanzarse en video o aparecer en la pantalla grande mediante la grabación de sus shows más memorables, gracias a ello vinieron los desconectados, conciertos sinfónicos, etc. Otros se atrevieron a hacer documentales, mostrándonos cómo viven el día a día, sus sesiones de ensayos o grabaciones, entre otros aspectos.

El punto es que desde mediados del año pasado los grandes artistas han vuelto al ruedo con material para las salas de cine, algunos agregando los respectivos avances en cuestión de imagen. Nos enteramos del relanzamiento de dos películas de The Beatles restauradas digitalmente cuadro por cuadro, y en noviembre llegó “Celebration Day” de Led Zeppelin (incluso a Colombia), rememorando su concierto de reunión en el O2 de Londres en 2007.

Para este año se han dado a conocer hasta ahora 3 novedades para la pantalla grande, que algunos melómanos quisieran ver en las salas de nuestro país: La primera se trata del documental Sound City, dirigido por Dave Grohl de Foo Fighters y que nos habla sobre los Sound City Studios de Los Ángeles, donde se grabó el álbum Nevermind de Nirvana y muchos otros que marcaron historia; se estrenó hace pocos días en el Sundance Festival en Utah EE.UU.

Las otras dos producciones seguramente formarán un gran revuelo, ya que se verán en 3-D, y en este cuento se metieron dos bandas de gran trayectoria como Metallica y Guns N’ Roses -aunque para muchos sea Axl Rose como solista-. “Metallica Through The Never” será una recopilación de shows grabados en Vancouver Canadá, combinado con líneas argumentales desarrolladas en un universo paralelo, según explicó su baterista Lars Ulrich, y su estreno está previsto para agosto. Por su parte, los Gunners tendrían listo para fines de año “Appetite For Democracy” y nos mostrará un concierto que ofreció la banda el pasado mes de noviembre en el Hard Rock Hotel de Las Vegas.

Sin duda alguna serán grandes apuestas musicales llevadas al cine que captarán la atención de una buena cantidad de espectadores, algunos por ser fieles fanáticos de dichas bandas, otros quizá por simple curiosidad. Además servirán para que los artistas de rock y de pop sigan haciendo presencia en la pantalla grande. ¿Llegarán también a los cinemas de nuestro país?

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“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín

Posted on 20 Enero 2013 by Editor

vivirparaesto

Foto por Jhon Heaver Paz

Por Diego Londoño
@elfanfatal

“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín, narra la historia de mujeres que dedican sus vidas a hacer rock. Mónica de I.R.A junto a Piedad y Vicky de Fértil Miseria nos narran las dificultades de sus tiempos al querer participar en un género dominado por hombres, paralelo a esto las rockeras de Lilith e Insurgentas nos cuentan de qué manera las benefició ese camino ya iniciado y el cual ellas ayudan a construir. Ésta es la historia de algunas de las mujeres en el rock de Medellín.

A través de “Vivir para esto” se muestra el panorama histórico y actual de la participación de las mujeres en el rock de Medellín. Además contribuye a sincerar el imaginario colectivo de las mujeres que participan activamente de estas culturas musicales.

Mónica Moreno del grupo IRA

Melissa, Txelly del grupo Las Insurgentas

Piedad y Vicky Castro del grupo Fertil Miseria

Sara Delgado del grupo Lilith

Son las protagonistas de ésta historia que apenas se está escribiendo.

Las Mujeres en el rock de Medellín

Ficha Técnica

Dirección: Diego Londoño

Cámara: Johanna Pino

Realización: Diego Londoño, Johanna Pino y Carmen Serna

Edición: César Franco – Estudio de Televisión – Universidad de Antioquia

Producción: Pregrado de Periodismo — Facultad de Comunicaciones -Universidad de Antioquia

Co-Producción: MÚSICA SOMOS

“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín, narra la historia de mujeres que dedican sus vidas a hacer rock. Mónica de I.R.A junto a Piedad y Vicky de Fértil Miseria nos narran las dificultades de sus tiempos al querer participar en un género dominado por hombres, paralelo a esto las rockeras de Lilith e Insurgentas nos cuentan de qué manera las benefició ese camino ya iniciado y el cual ellas ayudan a construir. Ésta es la historia de algunas de las mujeres en el rock de Medellín.
A través de “Vivir para esto” se muestra el panorama histórico y actual de la participación de las mujeres en el rock de Medellín. Además contribuye a sincerar el imaginario colectivo de las mujeres que participan activamente de estas culturas musicales.
Mónica Moreno del grupo IRA
Melissa, Txelly del grupo Las Insurgentas
Piedad y Vicky Castro del grupo Fertil Miseria
Sara Delgado del grupo Lilith
Son las protagonistas de ésta historia que apenas se está escribiendo.
Las Mujeres en el rock de Medellín
Ficha Técnica
Dirección: Diego Londoño
Cámara: Johanna Pino
Realización: Diego Londoño, Johanna Pino y Carmen Serna
Edición: César Franco – Estudio de Televisión – Universidad de Antioquia
Producción: Pregrado de Periodismo — Facultad de Comunicaciones -Universidad de Antioquia
Co-Producción: MÚSICA SOMOS

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