Fotografía por Camilo Hernández
Por Juan José Muñoz Gómez
juanjosem@musicasomos.net
Ya en la fila empezaban a impacientarse. Necesitaban alguna distracción para salir del desparche y les llegaron dos, vestidas de verde, con cascos y sobre una motocicleta.
Oeee oeee, ¡tombo h()&%$#!
Cuando llegaron fueron inmutables a los insultos, casi como si no los escucharan. Parquearon la moto, se bajaron y conversaron un rato entre ellos. Después de hablar, volvieron a pasar frente a la fila y de nuevo los insultos y los gritos, sólo que esta vez, los motorizados sonrieron con cara de “Sí, ya sabíamos”.
En la línea para entrar se hizo un alboroto pequeño que luego se fue acrecentando mientras la gente iba a ver qué pasaba. Dos hombres cargaban a una muchacha y la ponían en el piso para dejarla respirar. Cuando ella se recompuso y recobró su conciencia, o parte de ella, uno de sus amigos se le acercó al oído para consolarla y para darle malta.
— ¡Mucha hierba, mucha hierba! — gritó una mujer que estaba delante de ella en la fila.
En menos de cinco minutos dos personas y nuestra protagonista (otra vez) se desmayarían en el mismo sector.
Cuadritos sobre cuadritos se organizan sobre el monitor de uno de los encargados del sonido en Forum. Mueve un rango y toma un poquito de bebida energizante con gaseosa. Cierra la ventana y le da una ojeadita a su Facebook. Cambia una luz desde su computador y come arepa con pollo y otro tris de gaseosa. Cuando ya todo suena y se ve bien, se pone a bailar la música de Santtos detrás de la cabina de sonido.
Ya Zona Ganjah estaba montada en el escenario, tocando. En medio de la confusión sentimental, musical y marihuanesca, bastantes personas se habían pasado la pequeña vaya de seguridad, pero a nadie le importaba, sólo estaban ahí cantando y bailando. Entre el tumulto se distinguía a una mujer joven de camisa y balaca rosada, estaba muy agitada, con un gesto casi de incredulidad ante lo que pasaba y a cada rato se llevaba la mano a su cabeza medio confundida; pero no se sentía mal: estaba a punto de llorar porque tenía a Zona Ganjah a menos de dos metros.
El lugar estaba repleto, al fin y al cabo Zona Ganjah estaba tocando aún. Afuera, dos encargados de la logística corrían y doblaban la esquina: varios jóvenes estaban pateando una de las puertas alternativas porque no habían podido entrar al concierto.
Video por Pedro Madrid Urrea












