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Niyireth le canta al amor y a la tierra

Posted on 01 Abril 2013 by Editor

Por Juan Manuel Flórez Arias @juanmaexos
En la tarima reposaban un cajón flamenco, un tiple y una guitarra. La dama, la esperada
subió al escenario. La media luz acentuó la emotividad del momento mientras Sandro Toro,
guitarra en mano, dio inicio a la velada con el primer acorde. Niyireth Alarcón deleitó al
escaso público del Café-Bar La Camerata con su voz cálida y su sonrisa permanente.
Era sábado, 2 de marzo del 2013, Medellín. Se trataba de la presentación previa al inicio
de su gira por Europa –los destinos: Suiza, España e Italia–. Pero esa noche la cantante de
Música Andina Colombiana aún no partía y estaba allí, al occidente de la ciudad, brindando
un espectáculo cargado de emotividad.
Tras quince años de trayectoria musical, Niyireth se ha consolidado como un referente
de los ritmos tradicionales del País del Sagrado Corazón. Sus alcances han trascendido
las fronteras nacionales, permitiéndole viajar a Europa y a otros países de Latinoamérica.
Ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su exaltación a la memoria musical
y cultural de esta tierra. Esa identidad que prevalece a pesar de la influencia de nuevas
tendencias musicales provenientes de todo el mundo.
Su voz, con un efecto casi hipnótico, le da una caracterización única. Siempre acompañada
de Sandro Toro y Juan Carlos Montes. Todos enamorados de la música y de su país. El
conjunto posee una instrumentación básica pero dinámica, que sabe aprovechar la potencia
y amplitud del registro de la cantante. Juan Carlos alterna la percusión acústica con el tiple,
Sandro acompaña con la guitarra y Catalina Restrepo complementa ocasionalmente con el
violín.
Pero más allá de la riqueza musical, y sin desconocerla, es la emotividad de la
interpretación lo que diferencia a Niyireth y a su grupo de otras alternativas en el medio
folclórico. Para Sandro su labor consiste en rescatar esos ritmos que tienden a quedar
en el olvido a causa de la globalización. Su proceso, desde esa perspectiva, no dista del
emprendido por ensayistas como William Ospina, quien a través de la palabra busca
comprender y difundir ese pasado común pluriétnico y multicultural.
Los diversos viajes le han dado al guitarrista una idea de lo que representan los ritmos
andinos colombianos en otros continentes. Afirma que en Europa los profesores de música,
acostumbrados a los clásicos, quedan fascinados al escuchar los géneros de esta parte
del mundo. La novedad es la que posibilita que la tradición latinoamericana se posicione
internacionalmente y adquiera reconocimiento en el ámbito musical, trascendiendo la
barrera del idioma.
La gira de Niyireth, que acaba de concluir, es una evidencia más de un género que se abre
a nuevos públicos, que explora nuevos sonidos y se reinventa sin abandonar sus raíces.
Ya sea en un escenario en suiza o en un discreto bar de Medellín, la cantante continúa
construyendo la historia del folclor colombiano. Cantándole al amor y a la tierra, o al amor
a la tierra; Niyireth es una mujer capaz de transmitir un sentimiento a través de su voz, la
realidad de un pueblo nacido de la diversidad.

Niyireth en Música Somos

Foto por Niyireth Alarcón

Por Juan Manuel Flórez Arias

@juanmaexos

En la tarima reposaban un cajón flamenco, un tiple y una guitarra. La dama, la esperada subió al escenario. La media luz acentuó la emotividad del momento mientras Sandro Toro, guitarra en mano, dio inicio a la velada con el primer acorde. Niyireth Alarcón deleitó al escaso público del Café-Bar La Camerata con su voz cálida y su sonrisa permanente.

Era sábado, dos de marzo del 2013, Medellín. Se trataba de la presentación previa al inicio de su gira por Europa –los destinos: Suiza, España e Italia–. Pero esa noche la cantante de Música Andina Colombiana aún no partía y estaba allí, al occidente de la ciudad, brindando un espectáculo cargado de emotividad.

Tras quince años de trayectoria musical, Niyireth se ha consolidado como un referente de los ritmos tradicionales del País del Sagrado Corazón. Sus alcances han trascendido las fronteras nacionales, permitiéndole viajar a Europa y a otros países de Latinoamérica.

Ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su exaltación a la memoria musical y cultural de esta tierra. Esa identidad que prevalece a pesar de la influencia de nuevas tendencias musicales provenientes de todo el mundo.

Su voz, con un efecto casi hipnótico, le da una caracterización única. Siempre acompañada de Sandro Toro y Juan Carlos Montes. Todos enamorados de la música y de su país. El conjunto posee una instrumentación básica pero dinámica, que sabe aprovechar la potencia y amplitud del registro de la cantante. Juan Carlos alterna la percusión acústica con el tiple, Sandro acompaña con la guitarra y Catalina Restrepo complementa ocasionalmente con el violín.

Pero más allá de la riqueza musical, y sin desconocerla, es la emotividad de la interpretación lo que diferencia a Niyireth y a su grupo de otras alternativas en el medio folclórico. Para Sandro su labor consiste en rescatar esos ritmos que tienden a quedar en el olvido a causa de la globalización. Su proceso, desde esa perspectiva, no dista del emprendido por ensayistas como William Ospina, quien a través de la palabra busca comprender y difundir ese pasado común pluriétnico y multicultural.

Los diversos viajes le han dado al guitarrista una idea de lo que representan los ritmos andinos colombianos en otros continentes. Afirma que en Europa los profesores de música, acostumbrados a los clásicos, quedan fascinados al escuchar los géneros de esta parte del mundo. La novedad es la que posibilita que la tradición latinoamericana se posicione internacionalmente y adquiera reconocimiento en el ámbito musical, trascendiendo la barrera del idioma.

La gira de Niyireth, que acaba de concluir, es una evidencia más de un género que se abre a nuevos públicos, que explora nuevos sonidos y se reinventa sin abandonar sus raíces. Ya sea en un escenario en Suiza o en un discreto bar de Medellín, la cantante continúa construyendo la historia del folclor colombiano. Cantándole al amor y a la tierra, o al amor a la tierra; Niyireth es una mujer capaz de transmitir un sentimiento a través de su voz, la realidad de un pueblo nacido de la diversidad.

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El camino histórico de la mujer rockera

Posted on 11 Febrero 2013 by Editor

The-Bangles

Por Mario Escobar Henao
@marito882

Hace pocos días a través de este medio reseñábamos un documental realizado por nuestro amigo Diego Londoño acerca de la historia de las mujeres que hacen rock en Medellín. Un trabajo en el que las integrantes de bandas como I.R.A y Fértil Miseria nos cuentan cómo se abrieron paso entre los hombres para surgir en el ámbito musical local, sirviendo de esta manera para facilitar el camino a nuevas bandas femeninas que también nos dieron a conocer sus experiencias, como el caso de Lilith e Insurgentas.

Es claro, como algunas de ellas lo mencionan, que empezaron a transitar por el sendero del rock escuchando los discos de sus hermanos mayores, o en los parches de familiares suyos; pero no cabe duda que, directa o indirectamente, pudieron tener la influencia de muchas mujeres que han marcado historia desde finales de los 60. Fue en esa época cuando la figura de Janis Joplin empezaba a aparecer con su rebeldía y su poderosa voz, llegando incluso a ser una de las artistas más destacadas en el cartel del festival Woodstock 69; una carrera promisoria que lamentablemente se vio interrumpida en 1970 con su repentina muerte a los 27 años.

Iniciando los 70 vendría la “madrina del punk” Patti Smith con un toque poético en sus letras, integradas al rock n’ roll; y llegando a la mitad de la década nacían las que podrían considerarse las dos primeras bandas de hard rock compuestas exclusivamente por chicas: Heart y The Runaways. La primera se mantiene activa gracias al trabajo de las hermanas Wilson, mientras la segunda duró sólo cuatro años, pero de allí surgieron dos mujeres como Joan Jett y Lita Ford, que luego tendrían exitosos proyectos en solitario –incluso hasta hoy se mantienen en actividad-. Otras mujeres que causaron sensación en esa década, tanto por su voz como por su actitud y su belleza, fueron Debbie Harry, quien comandaba la banda de new wave Blondie, y Stevie Nicks de Fleetwood Mac.

Ya durante los 80, sumándose a las artistas anteriormente mencionadas, nacía otra de las famosas agrupaciones femeninas de gran versatilidad musical, The Bangles. Y siguiendo esa línea del new wave también entraron en escena Annie Lennox con Eurythmics, Chrissie Hynde con The Pretenders, y Pat Benatar.

Con la llegada de los 90 y el rock alternativo se sumaron muchas más chicas, acercándose un poco más a la proporción hombre-mujer en la música. Sobresalientes por calidad artística y carisma, varias fueron la influencia de las jóvenes que actualmente hacen música en muchas partes del mundo –incluído nuestro país-. Fue el turno de Dolores O’Riordan, Courtney Love, Björk, Gwen Stefany, Shirley Manson, Nina Persson, Alanis Morissette, Sheryl Crow, entre otras de menor figuración.

A mediados de dicha década se masificaron también los gustos de las mujeres hacia el metal en sus distintas variantes. En Canadá nacía otro grupo formado únicamente por chicas, dedicándose al groove metal: Kittie. En cuanto al hard rock, con una voz un poco inclinada al gótico, llegaba Amy Lee con Evanescenes. Y ya metiéndonos en el metal gótico como tal, es muy grande la lista de bandas con vocalistas mujeres, siendo Nightwish, Epica y Lacuna Coil las de mayor reconocimiento mundial.

Cerrando esta reseña evolutiva del papel de la mujer en el rock, y volviendo al plano nacional, no podía dejarse de lado a una persona que es considerada como gran referente del rock femenino de nuestro país: Andrea Echeverri, aquella mujer que conocimos desde inicios de los 90 con su cabeza casi rapada, su guitarra con flores, su estilo irreverente y su potente voz, y que gracias a su banda Aterciopelados puso en altos lugares el rock colombiano.

Así, desde tempranos decenios, la mujer empezó a construir su propia historia en el rock, sirviendo de ejemplo para que en Medellín y Colombia también hubiera una amplia participación femenina en la música, hasta el punto de tener numerosas bandas donde la mujer es parte fundamental. Con ello queda demostrado que no sólo han sabido ganarse su lugar en el género, sino que también se han convertido en las “mandamás” o las figuras principales en una banda donde, en muchos casos, el resto son hombres.

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Artesanos del sonido

Posted on 27 Enero 2013 by Editor

La historia de dos vidas distintas, unidas por seis cuerdas templadas…
Por Diego Londoño
@elfanfatal
diego@musicasomos.net
Al llegar a Marinilla, municipio del oriente Antioqueño, y luego de un extravío descuidado en la carretera que conduce a la capital de Colombia desde Medellín, pregunto inocentemente dónde queda ubicado el taller de guitarras, me responden a punta de sonrisas marinillas con varias direcciones, al caminar más de 10 minutos me doy cuenta que son varios los talleres, varios los pioneros y representantes del instrumento en este municipio guitarrero por excelencia.
El día anterior había acordado encontrarme con un rostro que vi más de una vez en etiquetas de guitarras de amigos, maestros y hasta mías, un rostro conocido en mi adolescencia musical y rebelde.
-Entonces nos vemos a las ocho, acá en mi taller al lado de la autopista, por el cementerio de Marinilla. Dijo.
-Así será señor… nos vemos mañana, muchas gracias por todo.
Caminando me topé de repente con un letrero grande a la entrada de un jardín enlodado por la lluvia del alba, “Guitarras La Sonora. Gerardo Arbeláez, leyenda desde 1898”. A las ocho en punto de la mañana estaba pisando el botón que era avisado por un cartel que decía, ´fábrica, timbre aquí´.
Salió ese rostro que por tantos años había visto, para mí era casi familiar, como un viejo conocido.
-Don Gerardo como está, ayer hablamos para este encuentro, ¿se acuerda? Dije.
- Ahh, ¿Cómo está?
Fue el saludo simplón que recibí aquel jueves frio y húmedo de agosto.
De repente su rostro se transformó, parecía resistirse a que alguien ingresara a su mundo, el de las cuerdas, la madera inmunizada, el roble, el cedro, el colbón, la macilla, las prensas y los trastes.
-Hombre hoy estoy como ocupado, solo tengo un trabajador. Deberías pasarme esas pregunticas por escrito y yo las miro y nos sentamos más tranquilos en otra oportunidad.
Sentí por un momento que había perdido el trabajo, las llamadas y la ilusión, que la madrugada preparada para recorrer los 47 kilómetros de distancia en un microbús, y los 4.700 pesos del pasaje, se desvanecían entre la niebla oriental de Antioquia. Mi voz se quebró y mi ceño insistió- así quisiera- en no fruncirse.
-Don Gerardo, yo vengo desde Medellín solo para conversar con usted y verlo trabajar un rato. No es nada complicado, del resto me encargo yo. ¿Puedo ver su taller?
Después de todo pude ingresar tímidamente y ver el espacio artífice de toda una tradición cultural en Antioquia.
Doy unos pasos en las pequeñas baldosas coloridas de la casa de paredes amarillas. El olor a madera ya se entrometía en el ambiente, y el rostro de Don Gerardo seguía tan rígido como la madera de sus guitarras.
Gerardo Arbeláez se ubicó en la mesa central del patio, agarró el mástil de una guitarra en construcción que hacía parte de un cúmulo de maderos ubicados en el suelo, le dio dos golpes en la parte superior con la intención de revisar su encaje. Luego, inició a pegar los 18 trastes enumerados en la madera, con la experiencia que sólo dan los años y con la certeza de que algún día, eso que hasta el momento parecía tan sólo un madero insípido, emitiría toda clase de notas y melodías. Acordes, ritmos y canciones pegajosas desfilarían por las cuerdas cobrizas que más tarde pondría también con cuidado. Me distraje un rato mirando la grabadora Silver repleta de viruta de aserrín que teníamos enfrente, “Se va, se va la lancha, se va con el pescador y en esa lancha que cruza el mar, se va también mi amor”, sonaba de fondo en el 830 am de Radio reloj.
Su labor matutina empezó a mi lado, de a poco empezamos a conversar, Gerardo Arbeláez, el creador de las guitarras La Sonora, que se construyen hace más de 50 años, ahora martilla mientras de reojo observa como tomo apuntes sobre lo que tímidamente me cuenta, mientras yo sutilmente trato de romper el hielo.
Él es un hombre tranquilo, que disfruta la vida mientras ella pasa a su lado. Sus días son llenos de madera, cuerdas y música, la que disfruta oyendo y con la que alimenta su alma. La música colombiana es su motor, los boleros su corazón. Admira y disfruta al maestro León Castaño, al Dueto de Antaño, Los Panchos y Los Diamantes. Su experiencia se nota en el hablar, y sus años llegaron cargados de serenidad y una modestia admirable.
Su historia con la amiga de pronunciadas curvas y caderas anchas, lleva tres generaciones encima, empezó hace más de un siglo con su abuelo Isaac Arbeláez nacido en la vereda Río Abajo de Rionegro. La leyenda, que tanto respeto y recelo genera para toda la familia Arbeláez, inicia en el  cercano municipio de San Vicente, cuando Isaac fue contratado como ayudante de ebanistería por un arquitecto español que llegó a la población a restaurar la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. El abuelo resultó ser un buen aprendiz, el arquitecto empezó a quererlo mucho, se hicieron buenos amigos y en los tiempos de ocio y de poco trabajo, con los conocimientos que el jefe tenía no solo en maderas, construcción, sino también en música, quiso construir en compañía de Isaac una guitarra.
Luego de esa guitarra con errores, la segunda les salió más perfecta y ese fue el inicio de la tradición guitarrera del apellido Arbeláez que lleva más de 100 años. Esta práctica pasó de padre a hijos, como un azar hecho destino, de Isaac a Lázaro y luego a Gerardo y tres hermanos  más del batallón de diecisiete que tuvo don Lázaro.
“De ahí empezamos nosotros los hijos, a seguir los pasos de mi papá Lázaro, pues desde muy niños comenzamos a colaborar en cositas antes de salir para la escuela. Todo esto nos tocó en Marinilla. Mi papá había acabado de crear un taller de guitarras, que sería muy importante en toda la región”, dice Gerardo.
Según cuenta la reconocida pionera en etnomusicología en Colombia, María Eugenia Londoño, la guitarra apareció muy prontamente con la invasión europea.
En sus inicios era un instrumento utilizado popularmente en paseos familiares en los cuales se interpretaban cantos de fiesta y coplas tradicionales, aunque también gozaba de una minoría de altas influencias elitistas, de habitantes llegados en la época de colonización desde Francia, Alemania, Italia, Portugal y España.
La Iglesia, que por ese tiempo tenía el poder en el terreno cultural e intelectual en América, influyó de manera importante en la enseñanza de la música para ser utilizada en sus diferentes ceremonias religiosas, por esta razón, el instrumento a lo largo de los años fue enseñado de forma oral y generacional.
La guitarra fue utilizada en las celebraciones libertadoras de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, interpretando obras de corte colombo – español como El Arias, La Vencedora, o La Libertadora.
En el año 1882 se fundó el Conservatorio Nacional de Colombia y fue allí donde se empezaron a crear nuevas escuelas de música en ciudades como Cartagena, Ibagué, Medellín, Cali, Tunja y Santa Marta, en donde se inician las clases oficiales de música con título universitario con los instrumentos sinfónicos y el piano, aunque hasta el año 1986 y gracias a la enorme labor del guitarrista y Pedagogo Ramiro Isaza Mejía padre de la escuela de guitarra en Colombia, se le otorgará al guitarrista el mismo título profesional que para los demás músicos.
Después de toda esa historia, los Arbeláez fueron pioneros en hacer instrumentos de cuerda, no solo guitarras sino también, tiples, bandolas, y cuatros. Su proceso como familia constructora y musical, empezó desde 1860, sin manuales, sin comunicación, sin profesores, sin internet, la única ruta era la prueba ensayo error.
Gerardo Arbeláez aprendió fácil, se apasionó y lleva más de 50 años construyendo, reparando y tocando guitarras, “tocando así sea poquito, y muy a la brava. Así me enseñó mi papá. Yo me echo mis boleritos y mis tonadas de música colombiana. Lo hago muy en solitario. Yo me dediqué fue a construirlas”. Para consolidar sus guitarras, no solo en Medellín, sino en toda Colombia, tuvo la ayuda de muchos músicos importantes como Darío Garzón, de Garzón y Collazos, Virgilio Duque o Ángel María Camacho.
Una de esas guitarras, construidas por Gerardo en la fría Marinilla, la fundada por Juan Duque de Estrada y Francisco Manzueto Giraldo, llegó coincidencialmente a las manos de un joven curioso del municipio de Medellín. Luis García Blair, empezaría a incursionar en la guitarra.
Luis, en la casa de Jaime, su tío hippie, encontró un emblema generacional de toda la sociedad Antioqueña; Una guitarra rota, colgada de un cordón en un escaparate, solamente con tres cuerdas. La pidió prestada y al tiempo, por cosas del destino ya era suya. En la etiqueta de este olvidado madero café claro, figuraba la imagen de Gerardo Arbeláez sosteniendo una de sus guitarras, vestido de suéter beige y camisa blanca, a su alrededor rombos rojos y amarillos, y en forma de portada, el nombre ´La Sonora´. Esta sería la primera adquisición musical de Luis. Con el paso de los años, el color madera de la tapa frontal de aquél instrumento perdería la ilusión; gracias a un par de temperas, se tornaría verde, rojo, negro y amarillo, como un tributo a Bob Marley, así él, no gustara en lo absoluto de la música reggae.
Luego de un tiempo su gusto adolescente cambiaría, como todo en la vida. En su subconsciente,  la guitarra eléctrica había sido su inspiración, su sueño de niño, la forma de su cuerpo macizo, los colores brillantes, pensados, los movimientos de estrellas del rock como Slash, Jimmy Page o Hendrix y el sonido brillante y acaparador de las cuerdas metálicas, lo atraparon sin posibilidad de escapatoria, como un video juego de moda.
La guitarra eléctrica nació como un experimento con la intención de de crear guitarras con mas volumen de sonido, para llegar a esto, se potenció el volumen de la ya existente guitarra electro acústica y nació un instrumento con personalidad y alma propia.
Las primeras guitarras eléctricas datan de los años treinta, y son fruto de los esfuerzos de compañías como Rickenbacker y Vivi Tone Company.
A Medellín y a Colombia, las primeras guitarras eléctricas, llegaron gracias a los viajeros, a quienes tenían la posibilidad de cruzar el Valle y dejarse deslumbrar por el primer mundo. Marcas como Fender, Ibanez, Rickenbacker, Jackson o Gibson, tocaron suelo colombiano para impresionar y  marcar una nueva tendencia exclusiva para unos pocos afortunados.
Para ese entonces, tener una eléctrica no era tan común como ahora. “Soy hijo de Gloria Blair y Luis García,  en ese momento la prioridad económica para mi familia era la casa y el estudio”, dice Blair a la vez que cuenta como pudo acercarse a la primera guitarra eléctrica de su vida, fuera de pararse enfrente del tv de su casa y ver a los grandes ejecutarlas en sus espectaculares shows.
“A uno de mis mejores amigos le mataron el hermano, quien era guitarrista; desde su muerte, la guitarra que usaba estaba guardada en un garaje, desarmada y empolvada. Para ganármela, el reto era armarla y ponerla a sonar…”, las sonrisas aparecen con el relato, el final concluye con una expresión de egocentrismo. Si, esa fue su primera guitarra eléctrica, y aún él, no sabía ni tocarla.
Blair, o El Flaco, como es conocido en el mundo musical, es modelo 78, como el Nissan Patrol o el imponente Chevrolet Camaro. Mide 1.94, sonríe sin querer y tiene más de 20 guitarras eléctricas colgadas en su habitación en Envigado, así siga soñando con una Gibson Les Paul Custom blanca como la de Randy Rhoads. Los sonidos que prefiere son el Glam y el hardrock, su guitarrista preferido es David Gilmour de Pink Floyd, es un enamorado de la música en general, del sonido eléctrico de sus guitarras, del chocorramo, con coca cola y cigarrillo Green.
Al preguntarle por la guitarra, suspiró, miro a su alrededor y quiso caer en el cliché. “Yo por la guitarra siento amor, también odio cuando no suena como quiero. Las guitarras son mis metas, son mis sueños”.
Este personaje tiene dos vidas, una que inicia a las 7 en punto de la mañana, cuando empieza su labor como comunicador social en una reconocida caja de compensación familiar, donde aplica sus 15 semestres de universidad y otra que se define de 5 de la tarde, hasta que el hambre haga de las suyas, o el reloj recuerde su deber de madrugar. “En el día llevo la vida de mi mamá, o la vida que la sociedad me pone a vivir y en la tarde llevo mi verdadera vida”, dice El Flaco.
Blair Guitars es su taller de construcción, reparación y mantenimiento de guitarras, allí se la pasa todas las noches desde hace 3 años. Luego de pulir muchas guitarras hasta literalmente poner a “oler la madera a cebolla”, consiguió la experiencia como lutier de guitarras eléctricas,  se independizó, y montó el taller que inició con setenta mil pesos y que ahora ahorra toda la cantaleta de su madre por el desorden, la basura, la herramienta, el aserrín, la pintura y el ruido en casa.
Al ingresar a Blair Guitars, puedo contar de inmediato más de 20 instrumentos, mientras Luis, con su camisa de cuadros rojos, blancos y negros me recibe en su espacio de trabajo, con un abrazo que por su altura me llega al pecho.
Antes de tocar guitarras, su afición fue destaparlas, repararlas, buscarle los rincones que no conocía, muchas veces no pudo volver a armarlas. “Siempre me le metía a las guitarras de los amiguitos a repararle los ruidos, yo esos ruidos los mataba poniéndole un cable de la guitarra al cuerpo del guitarrista, como un polo a tierra”, ríe y sigue encordando un bajo acústico mientras termina de apagar un cigarrillo.
Blair es uno de los pocos personajes que construye guitarras eléctricas en Colombia. Este aprendizaje lo adquirió durante años de intentar, pintar, fallar y volver a lijar. Cuando inició hace tres años, le decían que lo que quería hacer solo era para los gringos o los europeos, pero su sueño además de construirle una guitarra a Slash el guitarrista de Guns N´ Roses y Velvet Revolver, es darle la marca de guitarras eléctricas a Colombia, aportarle a la historia, ser parte de ella. Esto lo dice, sin desconocer que las guitarras acústicas son la esencia, y que el camino acertado para llegar a lo eléctrico, es pasar por la mística de lo acústico.
Hablar de lo acústico, es como hablar del apellido Arbeláez o del mismo Gerardo, sin embargo, él mismo piensa que para su marca de guitarras, una de las más populares en Colombia, el futuro es oscuro. “En el caso mío tengo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, y ellos se fueron por otros negocios más productivos. Terminando o falleciendo yo, hasta ahí llega la tradición. El tiempo dirá todo”.
A pesar de esto, es una persona que vive tranquilamente, de lo que le gusta, como él mismo dice, “aunque pierda plata, me gusta”. Ha vivido más de 60 años por y con la guitarra, de su pasión,  de una manera sencilla, pero feliz.
Estos dos personajes transitan paisajes, sonidos, experiencias, cotidianidades y vidas circunstancialmente diferentes. Sus años disímiles han sido enteramente vividos al lado de la robusta de seis cuerdas. De ese madero, que a través de horas de lija, martillo, regla, pintura, conocimiento y amor, queda listo para emitir sonidos, sensaciones y personalidades; desde el bolero hasta el rock, pasando por el tango y la salsa.
Edades que se superan por el doble, pensamientos que llevan  más  de 30 años de diferencia, el rock y los boleros, las canas y la abundancia descuidada de cabello, las distorsiones, rapidez  y agilidad,  y el romanticismo de la dulzura pasada, hacen parte de sus cotidianidades…Blair y Arbeláez, dos personajes unidos por 6 cuerdas templadas cuidadosamente, que al tocarse, cuentan la historia de todos y a la vez de unos pocos. Cuerdas que pueden enamorar sutilmente o  hacer mover la cabeza a cualquier desprevenido.
Al final como conclusión, les pregunto sobre el significado que tiene la guitarra en su vida,  Blair, responde con rapidez y certeza, “me dicen guitarra y de inmediato es como si me estuvieran nombrando. Yo no me veo en ninguna parte de lo que me queda de vida, sin una guitarra…”, por su parte Gerardo, piensa un instante y no puede responder… no encuentra las palabras.

foto guitarras

La historia de dos vidas distintas, unidas por seis cuerdas templadas…

Por Diego Londoño

@elfanfatal

Fotografías por Esteban Cardona

@estebanpolite

Al llegar a Marinilla, municipio del oriente Antioqueño, y luego de un extravío descuidado en la carretera que conduce a la capital de Colombia desde Medellín, pregunto inocentemente dónde queda ubicado el taller de guitarras, me responden a punta de sonrisas marinillas con varias direcciones, al caminar más de 10 minutos me doy cuenta que son varios los talleres, varios los pioneros y representantes del instrumento en este municipio guitarrero por excelencia.

El día anterior había acordado encontrarme con un rostro que vi más de una vez en etiquetas de guitarras de amigos, maestros y hasta mías, un rostro conocido en mi adolescencia musical y rebelde.

-Entonces nos vemos a las ocho, acá en mi taller al lado de la autopista, por el cementerio de Marinilla. Dijo.

-Así será señor… nos vemos mañana, muchas gracias por todo.

Caminando me topé de repente con un letrero grande a la entrada de un jardín enlodado por la lluvia del alba, “Guitarras La Sonora. Gerardo Arbeláez, leyenda desde 1898”. A las ocho en punto de la mañana estaba pisando el botón que era avisado por un cartel que decía, ´fábrica, timbre aquí´.

Salió ese rostro que por tantos años había visto, para mí era casi familiar, como un viejo conocido.

-Don Gerardo como está, ayer hablamos para este encuentro, ¿se acuerda? Dije.

- Ahh, ¿Cómo está?

Fue el saludo simplón que recibí aquel jueves frio y húmedo de agosto.

De repente su rostro se transformó, parecía resistirse a que alguien ingresara a su mundo, el de las cuerdas, la madera inmunizada, el roble, el cedro, el colbón, la macilla, las prensas y los trastes.

-Hombre hoy estoy como ocupado, solo tengo un trabajador. Deberías pasarme esas pregunticas por escrito y yo las miro y nos sentamos más tranquilos en otra oportunidad.

Sentí por un momento que había perdido el trabajo, las llamadas y la ilusión, que la madrugada preparada para recorrer los 47 kilómetros de distancia en un microbús, y los 4.700 pesos del pasaje, se desvanecían entre la niebla oriental de Antioquia. Mi voz se quebró y mi ceño insistió- así quisiera- en no fruncirse.

-Don Gerardo, yo vengo desde Medellín solo para conversar con usted y verlo trabajar un rato. No es nada complicado, del resto me encargo yo. ¿Puedo ver su taller?

Después de todo pude ingresar tímidamente y ver el espacio artífice de toda una tradición cultural en Antioquia.

Doy unos pasos en las pequeñas baldosas coloridas de la casa de paredes amarillas. El olor a madera ya se entrometía en el ambiente, y el rostro de Don Gerardo seguía tan rígido como la madera de sus guitarras.

Gerardo Arbeláez se ubicó en la mesa central del patio, agarró el mástil de una guitarra en construcción que hacía parte de un cúmulo de maderos ubicados en el suelo, le dio dos golpes en la parte superior con la intención de revisar su encaje. Luego, inició a pegar los 18 trastes enumerados en la madera, con la experiencia que sólo dan los años y con la certeza de que algún día, eso que hasta el momento parecía tan sólo un madero insípido, emitiría toda clase de notas y melodías. Acordes, ritmos y canciones pegajosas desfilarían por las cuerdas cobrizas que más tarde pondría también con cuidado. Me distraje un rato mirando la grabadora Silver repleta de viruta de aserrín que teníamos enfrente, “Se va, se va la lancha, se va con el pescador y en esa lancha que cruza el mar, se va también mi amor”, sonaba de fondo en el 830 am de Radio reloj.

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Su labor matutina empezó a mi lado, de a poco empezamos a conversar, Gerardo Arbeláez, el creador de las guitarras La Sonora, que se construyen hace más de 50 años, ahora martilla mientras de reojo observa como tomo apuntes sobre lo que tímidamente me cuenta, mientras yo sutilmente trato de romper el hielo.

Él es un hombre tranquilo, que disfruta la vida mientras ella pasa a su lado. Sus días son llenos de madera, cuerdas y música, la que disfruta oyendo y con la que alimenta su alma. La música colombiana es su motor, los boleros su corazón. Admira y disfruta al maestro León Castaño, al Dueto de Antaño, Los Panchos y Los Diamantes. Su experiencia se nota en el hablar, y sus años llegaron cargados de serenidad y una modestia admirable.

Su historia con la amiga de pronunciadas curvas y caderas anchas, lleva tres generaciones encima, empezó hace más de un siglo con su abuelo Isaac Arbeláez nacido en la vereda Río Abajo de Rionegro. La leyenda, que tanto respeto y recelo genera para toda la familia Arbeláez, inicia en el  cercano municipio de San Vicente, cuando Isaac fue contratado como ayudante de ebanistería por un arquitecto español que llegó a la población a restaurar la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá. El abuelo resultó ser un buen aprendiz, el arquitecto empezó a quererlo mucho, se hicieron buenos amigos y en los tiempos de ocio y de poco trabajo, con los conocimientos que el jefe tenía no solo en maderas, construcción, sino también en música, quiso construir en compañía de Isaac una guitarra.

Gerardo Arbelaez en Música Somos

Luego de esa guitarra con errores, la segunda les salió más perfecta y ese fue el inicio de la tradición guitarrera del apellido Arbeláez que lleva más de 100 años. Esta práctica pasó de padre a hijos, como un azar hecho destino, de Isaac a Lázaro y luego a Gerardo y tres hermanos  más del batallón de diecisiete que tuvo don Lázaro.

“De ahí empezamos nosotros los hijos, a seguir los pasos de mi papá Lázaro, pues desde muy niños comenzamos a colaborar en cositas antes de salir para la escuela. Todo esto nos tocó en Marinilla. Mi papá había acabado de crear un taller de guitarras, que sería muy importante en toda la región”, dice Gerardo.

Según cuenta la reconocida pionera en etnomusicología en Colombia, María Eugenia Londoño, la guitarra apareció muy prontamente con la invasión europea.

En sus inicios era un instrumento utilizado popularmente en paseos familiares en los cuales se interpretaban cantos de fiesta y coplas tradicionales, aunque también gozaba de una minoría de altas influencias elitistas, de habitantes llegados en la época de colonización desde Francia, Alemania, Italia, Portugal y España.

La Iglesia, que por ese tiempo tenía el poder en el terreno cultural e intelectual en América, influyó de manera importante en la enseñanza de la música para ser utilizada en sus diferentes ceremonias religiosas, por esta razón, el instrumento a lo largo de los años fue enseñado de forma oral y generacional.

La guitarra fue utilizada en las celebraciones libertadoras de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, interpretando obras de corte colombo – español como El Arias, La Vencedora, o La Libertadora.

En el año 1882 se fundó el Conservatorio Nacional de Colombia y fue allí donde se empezaron a crear nuevas escuelas de música en ciudades como Cartagena, Ibagué, Medellín, Cali, Tunja y Santa Marta, en donde se inician las clases oficiales de música con título universitario con los instrumentos sinfónicos y el piano, aunque hasta el año 1986 y gracias a la enorme labor del guitarrista y Pedagogo Ramiro Isaza Mejía padre de la escuela de guitarra en Colombia, se le otorgará al guitarrista el mismo título profesional que para los demás músicos.

Después de toda esa historia, los Arbeláez fueron pioneros en hacer instrumentos de cuerda, no solo guitarras sino también, tiples, bandolas, y cuatros. Su proceso como familia constructora y musical, empezó desde 1860, sin manuales, sin comunicación, sin profesores, sin internet, la única ruta era la prueba ensayo error.

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Gerardo Arbeláez aprendió fácil, se apasionó y lleva más de 50 años construyendo, reparando y tocando guitarras, “tocando así sea poquito, y muy a la brava. Así me enseñó mi papá. Yo me echo mis boleritos y mis tonadas de música colombiana. Lo hago muy en solitario. Yo me dediqué fue a construirlas”. Para consolidar sus guitarras, no solo en Medellín, sino en toda Colombia, tuvo la ayuda de muchos músicos importantes como Darío Garzón, de Garzón y Collazos, Virgilio Duque o Ángel María Camacho.

Una de esas guitarras, construidas por Gerardo en la fría Marinilla, la fundada por Juan Duque de Estrada y Francisco Manzueto Giraldo, llegó coincidencialmente a las manos de un joven curioso del municipio de Medellín. Luis García Blair, empezaría a incursionar en la guitarra.

Luis, en la casa de Jaime, su tío hippie, encontró un emblema generacional de toda la sociedad Antioqueña; Una guitarra rota, colgada de un cordón en un escaparate, solamente con tres cuerdas. La pidió prestada y al tiempo, por cosas del destino ya era suya. En la etiqueta de este olvidado madero café claro, figuraba la imagen de Gerardo Arbeláez sosteniendo una de sus guitarras, vestido de suéter beige y camisa blanca, a su alrededor rombos rojos y amarillos, y en forma de portada, el nombre ´La Sonora´. Esta sería la primera adquisición musical de Luis. Con el paso de los años, el color madera de la tapa frontal de aquél instrumento perdería la ilusión; gracias a un par de temperas, se tornaría verde, rojo, negro y amarillo, como un tributo a Bob Marley, así él, no gustara en lo absoluto de la música reggae.

Luego de un tiempo su gusto adolescente cambiaría, como todo en la vida. En su subconsciente,  la guitarra eléctrica había sido su inspiración, su sueño de niño, la forma de su cuerpo macizo, los colores brillantes, pensados, los movimientos de estrellas del rock como Slash, Jimmy Page o Hendrix y el sonido brillante y acaparador de las cuerdas metálicas, lo atraparon sin posibilidad de escapatoria, como un video juego de moda.

La guitarra eléctrica nació como un experimento con la intención de de crear guitarras con mas volumen de sonido, para llegar a esto, se potenció el volumen de la ya existente guitarra electro acústica y nació un instrumento con personalidad y alma propia.

Las primeras guitarras eléctricas datan de los años treinta, y son fruto de los esfuerzos de compañías como Rickenbacker y Vivi Tone Company.

A Medellín y a Colombia, las primeras guitarras eléctricas, llegaron gracias a los viajeros, a quienes tenían la posibilidad de cruzar el Valle y dejarse deslumbrar por el primer mundo. Marcas como Fender, Ibanez, Rickenbacker, Jackson o Gibson, tocaron suelo colombiano para impresionar y  marcar una nueva tendencia exclusiva para unos pocos afortunados.

Para ese entonces, tener una eléctrica no era tan común como ahora. “Soy hijo de Gloria Blair y Luis García,  en ese momento la prioridad económica para mi familia era la casa y el estudio”, dice Blair a la vez que cuenta como pudo acercarse a la primera guitarra eléctrica de su vida, fuera de pararse enfrente del tv de su casa y ver a los grandes ejecutarlas en sus espectaculares shows.

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“A uno de mis mejores amigos le mataron el hermano, quien era guitarrista; desde su muerte, la guitarra que usaba estaba guardada en un garaje, desarmada y empolvada. Para ganármela, el reto era armarla y ponerla a sonar…”, las sonrisas aparecen con el relato, el final concluye con una expresión de egocentrismo. Si, esa fue su primera guitarra eléctrica, y aún él, no sabía ni tocarla.

Blair, o El Flaco, como es conocido en el mundo musical, es modelo 78, como el Nissan Patrol o el imponente Chevrolet Camaro. Mide 1.94, sonríe sin querer y tiene más de 20 guitarras eléctricas colgadas en su habitación en Envigado, así siga soñando con una Gibson Les Paul Custom blanca como la de Randy Rhoads. Los sonidos que prefiere son el Glam y el hardrock, su guitarrista preferido es David Gilmour de Pink Floyd, es un enamorado de la música en general, del sonido eléctrico de sus guitarras, del chocorramo, con coca cola y cigarrillo Green.

Al preguntarle por la guitarra, suspiró, miro a su alrededor y quiso caer en el cliché. “Yo por la guitarra siento amor, también odio cuando no suena como quiero. Las guitarras son mis metas, son mis sueños”.

Este personaje tiene dos vidas, una que inicia a las 7 en punto de la mañana, cuando empieza su labor como comunicador social en una reconocida caja de compensación familiar, donde aplica sus 15 semestres de universidad y otra que se define de 5 de la tarde, hasta que el hambre haga de las suyas, o el reloj recuerde su deber de madrugar. “En el día llevo la vida de mi mamá, o la vida que la sociedad me pone a vivir y en la tarde llevo mi verdadera vida”, dice El Flaco.

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Blair Guitars es su taller de construcción, reparación y mantenimiento de guitarras, allí se la pasa todas las noches desde hace 3 años. Luego de pulir muchas guitarras hasta literalmente poner a “oler la madera a cebolla”, consiguió la experiencia como lutier de guitarras eléctricas,  se independizó, y montó el taller que inició con setenta mil pesos y que ahora ahorra toda la cantaleta de su madre por el desorden, la basura, la herramienta, el aserrín, la pintura y el ruido en casa.

Al ingresar a Blair Guitars, puedo contar de inmediato más de 20 instrumentos, mientras Luis, con su camisa de cuadros blancos y azules me recibe en su espacio de trabajo, con un abrazo que por su altura me llega al pecho.

Antes de tocar guitarras, su afición fue destaparlas, repararlas, buscarle los rincones que no conocía, muchas veces no pudo volver a armarlas. “Siempre me le metía a las guitarras de los amiguitos a repararle los ruidos, yo esos ruidos los mataba poniéndole un cable de la guitarra al cuerpo del guitarrista, como un polo a tierra”, ríe y sigue encordando un bajo acústico mientras termina de apagar un cigarrillo.

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Blair es uno de los pocos personajes que construye guitarras eléctricas en Colombia. Este aprendizaje lo adquirió durante años de intentar, pintar, fallar y volver a lijar. Cuando inició hace tres años, le decían que lo que quería hacer solo era para los gringos o los europeos, pero su sueño además de construirle una guitarra a Slash el guitarrista de Guns N´ Roses y Velvet Revolver, es darle la marca de guitarras eléctricas a Colombia, aportarle a la historia, ser parte de ella. Esto lo dice, sin desconocer que las guitarras acústicas son la esencia, y que el camino acertado para llegar a lo eléctrico, es pasar por la mística de lo acústico.

Hablar de lo acústico, es como hablar del apellido Arbeláez o del mismo Gerardo, sin embargo, él mismo piensa que para su marca de guitarras, una de las más populares en Colombia, el futuro es oscuro. “En el caso mío tengo cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres, y ellos se fueron por otros negocios más productivos. Terminando o falleciendo yo, hasta ahí llega la tradición. El tiempo dirá todo”.

A pesar de esto, es una persona que vive tranquilamente, de lo que le gusta, como él mismo dice, “aunque pierda plata, me gusta”. Ha vivido más de 60 años por y con la guitarra, de su pasión,  de una manera sencilla, pero feliz.

Estos dos personajes transitan paisajes, sonidos, experiencias, cotidianidades y vidas circunstancialmente diferentes. Sus años disímiles han sido enteramente vividos al lado de la robusta de seis cuerdas. De ese madero, que a través de horas de lija, martillo, regla, pintura, conocimiento y amor, queda listo para emitir sonidos, sensaciones y personalidades; desde el bolero hasta el rock, pasando por el tango y la salsa.

Edades que se superan por el doble, pensamientos que llevan  más  de 30 años de diferencia, el rock y los boleros, las canas y la abundancia descuidada de cabello, las distorsiones, rapidez  y agilidad,  y el romanticismo de la dulzura pasada, hacen parte de sus cotidianidades…Blair y Arbeláez, dos personajes unidos por 6 cuerdas templadas cuidadosamente, que al tocarse, cuentan la historia de todos y a la vez de unos pocos. Cuerdas que pueden enamorar sutilmente o  hacer mover la cabeza a cualquier desprevenido.

Al final como conclusión, les pregunto sobre el significado que tiene la guitarra en su vida,  Blair, responde con rapidez y certeza, “me dicen guitarra y de inmediato es como si me estuvieran nombrando. Yo no me veo en ninguna parte de lo que me queda de vida, sin una guitarra…”, por su parte Gerardo, piensa un instante y no puede responder… no encuentra las palabras.

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“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín

Posted on 20 Enero 2013 by Editor

vivirparaesto

Foto por Jhon Heaver Paz

Por Diego Londoño
@elfanfatal

“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín, narra la historia de mujeres que dedican sus vidas a hacer rock. Mónica de I.R.A junto a Piedad y Vicky de Fértil Miseria nos narran las dificultades de sus tiempos al querer participar en un género dominado por hombres, paralelo a esto las rockeras de Lilith e Insurgentas nos cuentan de qué manera las benefició ese camino ya iniciado y el cual ellas ayudan a construir. Ésta es la historia de algunas de las mujeres en el rock de Medellín.

A través de “Vivir para esto” se muestra el panorama histórico y actual de la participación de las mujeres en el rock de Medellín. Además contribuye a sincerar el imaginario colectivo de las mujeres que participan activamente de estas culturas musicales.

Mónica Moreno del grupo IRA

Melissa, Txelly del grupo Las Insurgentas

Piedad y Vicky Castro del grupo Fertil Miseria

Sara Delgado del grupo Lilith

Son las protagonistas de ésta historia que apenas se está escribiendo.

Las Mujeres en el rock de Medellín

Ficha Técnica

Dirección: Diego Londoño

Cámara: Johanna Pino

Realización: Diego Londoño, Johanna Pino y Carmen Serna

Edición: César Franco – Estudio de Televisión – Universidad de Antioquia

Producción: Pregrado de Periodismo — Facultad de Comunicaciones -Universidad de Antioquia

Co-Producción: MÚSICA SOMOS

“Vivir para esto” Las mujeres en el rock de Medellín, narra la historia de mujeres que dedican sus vidas a hacer rock. Mónica de I.R.A junto a Piedad y Vicky de Fértil Miseria nos narran las dificultades de sus tiempos al querer participar en un género dominado por hombres, paralelo a esto las rockeras de Lilith e Insurgentas nos cuentan de qué manera las benefició ese camino ya iniciado y el cual ellas ayudan a construir. Ésta es la historia de algunas de las mujeres en el rock de Medellín.
A través de “Vivir para esto” se muestra el panorama histórico y actual de la participación de las mujeres en el rock de Medellín. Además contribuye a sincerar el imaginario colectivo de las mujeres que participan activamente de estas culturas musicales.
Mónica Moreno del grupo IRA
Melissa, Txelly del grupo Las Insurgentas
Piedad y Vicky Castro del grupo Fertil Miseria
Sara Delgado del grupo Lilith
Son las protagonistas de ésta historia que apenas se está escribiendo.
Las Mujeres en el rock de Medellín
Ficha Técnica
Dirección: Diego Londoño
Cámara: Johanna Pino
Realización: Diego Londoño, Johanna Pino y Carmen Serna
Edición: César Franco – Estudio de Televisión – Universidad de Antioquia
Producción: Pregrado de Periodismo — Facultad de Comunicaciones -Universidad de Antioquia
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Trayecto Misíl en Música Somos Radio

Posted on 09 Julio 2012 by Editor

trayectomisil

Hip hop y rock es la mezcla que hace Trayecto Misil, un grupo buena onda, capaz de narrar a través de liricas lo que pasa en las calles de Medellín. Nos acompañaron con guitarra y beats.
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Mc Mago Real en Música Somos Radio

Posted on 09 Julio 2012 by Editor

mcmago

Mc Mago Real improvisó, cantó y nos mostró las canciones de su disco nuevo llamado “Hecho en casa”. A través de canciones contó sus gustos musicales y su historia como hopper en la ciudad.
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La Fidel en Música Somos Radio

Posted on 09 Julio 2012 by Editor

lafidel

Los ganadores de la Batalla de las Bandas en la categoría propias nos visitaron en Música Somos Radio, cantaron algunas de las canciones con las que se consolidaron como grupo y mostraron el sonido que tienen para ofrecer. Ellos son La Fidel.
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Default Rc en Música Somos Radio

Posted on 09 Julio 2012 by Editor

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Esta jóven banda de Medellín, nos acompañó en Música Somos radio para contarle a todos los oyentes las historias de su formación y consolidación como banda emergente en la ciudad de Medellín.
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Dieciocho años de Festival. Rock Al Parque 2012

Posted on 04 Julio 2012 by Editor

grupo uno unoFotografía por Susana Mejía

Por Diego Londoño
diego@musicasomos.net

La mayoría de edad llegó para el festival de entrada libre más grande de Latinoamérica. Son muchas las bandas que han pasado por estos dieciocho años de Rock al Parque, un festival que ha demostrado que se puede ser tan rockero, punkero o metalero, sin una sola guitarra eléctrica.

Se llegó el tercer día de convivencia con el rock. El cansancio en el cuerpo y sobre todo en los pies se hacía evidente; era un día largo, sin embargo ninguno de los que asistimos al festival queríamos despedirnos del ambiente y de la emoción de sentir el bombo en el pecho y en el corazón. El último día de festival fue una de las jornadas de más asistencia, los rockeros de Bogotá, Medellín, Cali, Manizales y otro manojo de ciudades asistieron para seguir celebrando los dieciocho años de festival y presenciar su cierre, y regresar así con más antojo el próximo año.

El movimiento en el parque Simón Bolívar era intenso: el público caminando de un escenario a otro, el poco silencio, el humo, las requisas, las pruebas de sonido, las ventas, los baños, el ruido, el frio, el pogo y cabeceo, más bandas. La música.

Mientras todo esto pasaba a nuestras espaldas y también en nuestra frente, sonaba limpia y claramente CiegosSordoMudos en el escenario Plaza. Su sonido fue contundente, se les notó la cancha de años de tocar, tocar y tocar. La geste escuchaba su presentación con atención, mientras ellos interpretaban canciones de su disco En Paz y otras tantas de su nueva producción. Ellos siguen siendo sencillos en su música, no pretenden impresionar y eso los hace grandes.

Desde Medellín viajaron cuatro personajes que desde los años 90, influenciaron a toda una generación rock, o al llamado “alternativo”. Juanita Dientes Verdes, grande como siempre, poderosa, mística y difícil de olvidar, hizo presencia en Bogotá luego de una ausencia larga en los escenarios musicales. Ellos siguen metidos en la película de la puesta en escena, del teatro en vivo, de las pintas y eso hace su show grande, profesional. Además, se le suma que no solo regresaron a interpretar clásicos como aeiou, sino a dar la cara con un nuevo disco.

juanita tresFotografía Susana Mejía

En el otro extremo, de distancia y musical, estaba ya sonando Colectro. Quienes a punta de garabato, cumbia y música folclórica del pacifico y caribe colombiano, pusieron a bailar a rockeros; ellos respondían a esa acción con la repetida frase “el rock es una actitud”. Los sonidos guapachosos, discotequeros tomaban intenciones rockeras con guitarras distorsionadas, la gente respondía pero el grupo se hizo monótono.

En una reverberación sostenida se escuchó un “Ya era hora” en el escenario Bio, mientras sonaban los primeros acordes de lo que sería el enérgico show de Siniestro Total. El rock and roll, básico, crudo y lleno de melodías de saxofón penetró en las cabezas de quienes no dejaron de saltar y corear. Es una banda con show, con actitud, con buen trabajo vocal y con energía para no parar de tocar.

A pocos pasos, se sentía ya la fiesta que culminaría la edición número dieciocho del festival Rock Al Parque. 1280 Almas, la banda de más culto y tradición para los rockeros capitalinos tocaba y también seguía la ruta del relevo generacional que empezó hace 20 años; ahora ellos anunciaban su renuncia a este festival que los ha visto crecer. ¿El motivo? dejar participar a las bandas nuevas. Su música se mantiene vigente en el tiempo. Siguen siendo los consentidos de la casa, ahora ellos estaban abriéndole a un grande del rock en habla hispana.

charly unoFotografía Susana Mejía

Los preparativos para Charly García se notaron de inmediato. Todo el equipo de Rodie Colombia, se desplazó, corrió, movió, organizó y limpió. Charly García, el papá del rock argentino entraría al escenario acompañado por las palmas, los gritos de la gente y por una banda de nueve músicos, quienes se han hecho llamar The Prostitution. Zorrito Von Quitiero, Ferndando Salamea, Rosario Ortega, entre muchos otros hacían parte de este cartel de buenos músicos.

Charly García no era el mismo de Sui Generis, ahora era un tipo lento, pasivo y débil. No solo debían ayudarlo a caminar, también pantallas led le recordaban cada una de las letras de sus canciones; sin embargo su sonido no cambió, sigue siendo uno de los rockeros más grandes de este continente; sus canciones entraban directo al recuerdo, al corazón. 21 canciones, visuales, historia y buenos músicos fue lo que caracterizó el cierre de Charly en Rock al Parque.

Un concierto inolvidable, para otros muy criticable. Cada cual lo vivió diferente y lo juzga de la misma manera. Al fin y al cabo, era un concierto para no perderse, por lo que significaba para la historia del rock en español, para rock al parque y también posiblemente, porque no volveremos a ver a Charly en vivo.

Él respetuosamente se dirigió al público, la gente lo aplaudió, hizo la venia con sus nueve aliados y despidió el festival que convocó en un fin de semana a más de 250 mil personas  en el Parque Simón Bolívar de la ciudad de Bogotá.

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La fuerza de la diversidad. Rock Al Parque 2012

Posted on 02 Julio 2012 by Editor

las robertas 2Fotografía Susana Mejía

Por Diego Londoño
diego@musicasomos.net

Otro día de rock al parque y al entrar al parque Simón Bolívar las expectativas crecían, tanto como el sonido del bombo que retumbaba en el pecho mientras se esperaba la fila. Este era un día particular, lleno de bandas buenas, de nuevos sonidos y de diversidad.

Al ingresar al emblemático y asustador escenario Plaza, ya sonaba Ras Jahonnan y Natural Selection; una banda de nueve integrantes que con la base del instrumental del reggae, más saxofón, percusión menor y una bandera ondeándose con los colores rastafary, interpretaba canciones a la libertad, naturaleza y  revolución. Su reggae cadencioso y bien interpretado, era un motivo más para que el humo subiera en el segundo día de festival.

Desde Costa Rica  vendrían Las Robertas, una banda de indie rock que con sonidos de vanguardia y voces dulces al unísono, pusieron a pogear al público asistente al escenario Panamerika. Su actitud fue tímida . Lograron sonar bien pero no dieron un gran show; se les veía nerviosas a pesar de la respuesta curiosa de gran cantidad de punks.

Era el turno del Punk visual post nuclear de Resina Lalá, que propone el fin del mundo en cada concierto.  Los Resina salieron seguros, vestidos con plástico, observando la buena cantidad de público que permanecía en el escenario Panamerika. Su show fue impactante, enérgico, bailable, sudoroso. Su sonido, sin duda alguna se diferencia de miles de bandas de Colombia, ellos oxigenan la escena musical colombiana.

pogo 2Fotografía por Susana Mejía

Llegaría uno de los momentos más esperados en todo este fin de semana de música. A solo unos pasos veríamos un trio de músicos que viajó muchos kilómetros desde la ciudad de Nueva York, para ambientar un atardecer hermoso en compañía de la psicodelia y la atmosfera de su música. En escenario Blonde Redhead. Una de las agrupaciones especiales de este Rock Al Parque, uno de los sueños cumplidos de la vida.

Su show fue tranquilo, sereno y de poco contacto con el público. La música se encargó de todo. Los sonidos agudos fueron un común denominador al igual que el uso apropiado del ruido, el ambiente y los silencios. Este trio veterano podía pasar fácilmente de lo sutil y atmosférico, al rock crudo y ruidoso de los inolvidables años 90. Una batería de buen ponche y tiempo, sumado a una Gibson tocada con sutileza, y a una voz prodigiosa y bien usada, ambientaron lo que sería un concierto inolvidable, donde los sonidos solo perdurarán en el corazón.

blond1Fotografía por Susana Mejía

El Reggae fiestero de Dub Incorporation llegó desde Francia para poner a bailar a un sinnúmero de personas que hacían presencia en el Plaza. Toda una fiesta alrededor de diferentes estilos del reggae.

El contacto con el público fue permanente, el sonido e interpretación de sus músicos excepcional. Sin hablar de un extenso recorrido por la música negra que prepararía a los espectadores para lo que sería la fiesta de Sistema Solar.

Desde este lugar y caminando solo unos pasos se llega al escenario Bio. Allá estaría listo Saul Williams, uno de los músicos más neuróticos en escena que nos daría una buena dosis de poesía, hip hop, reggae, punk, dub y otro montón de locuras. La voz de Saul acompañada de Maquinas y una batería, harían que los movimientos de este negro causaran más efecto, que la locura se adueñara del ambiente, que la música tomara otra dimensión. Grande Saul.

Regresando por el mismo camino, pasando por  la zona de prensa, se verían caminar siete personajes de pintas caribeñas, con afros y actitud contagiosa. Subieron las escalinatas del escenario Plaza. Ellos empezarían gritando “la cuestión es ser feliz”, estaríamos a pocos segundos de ver y escuchar música que hechiza. En escenario Sistema Solar.

El escenario estaba lleno de color, saltos, gritos, sonrisas; todo esto se percibía con solo subir la mirada. No hubo pies ni cabezas quietas, literalmente el Simón Bolívar tembló al son de champeta, bullerengue, cumbia y hip hop. Las canciones sonaron, incluso algunas nuevas, su música siguió la intención social que reflejaron sus comentarios. La magia y hechizo que brindaron inicialmente, se mantuvo hasta el final.

Los labios secos, el frío con una luna resplandeciente, acompañó la salida de otro día de feliz festival.

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