Foto por Niyireth Alarcón
Por Juan Manuel Flórez Arias
@juanmaexos
En la tarima reposaban un cajón flamenco, un tiple y una guitarra. La dama, la esperada subió al escenario. La media luz acentuó la emotividad del momento mientras Sandro Toro, guitarra en mano, dio inicio a la velada con el primer acorde. Niyireth Alarcón deleitó al escaso público del Café-Bar La Camerata con su voz cálida y su sonrisa permanente.
Era sábado, dos de marzo del 2013, Medellín. Se trataba de la presentación previa al inicio de su gira por Europa –los destinos: Suiza, España e Italia–. Pero esa noche la cantante de Música Andina Colombiana aún no partía y estaba allí, al occidente de la ciudad, brindando un espectáculo cargado de emotividad.
Tras quince años de trayectoria musical, Niyireth se ha consolidado como un referente de los ritmos tradicionales del País del Sagrado Corazón. Sus alcances han trascendido las fronteras nacionales, permitiéndole viajar a Europa y a otros países de Latinoamérica.
Ha ganado múltiples premios y reconocimientos por su exaltación a la memoria musical y cultural de esta tierra. Esa identidad que prevalece a pesar de la influencia de nuevas tendencias musicales provenientes de todo el mundo.
Su voz, con un efecto casi hipnótico, le da una caracterización única. Siempre acompañada de Sandro Toro y Juan Carlos Montes. Todos enamorados de la música y de su país. El conjunto posee una instrumentación básica pero dinámica, que sabe aprovechar la potencia y amplitud del registro de la cantante. Juan Carlos alterna la percusión acústica con el tiple, Sandro acompaña con la guitarra y Catalina Restrepo complementa ocasionalmente con el violín.
Pero más allá de la riqueza musical, y sin desconocerla, es la emotividad de la interpretación lo que diferencia a Niyireth y a su grupo de otras alternativas en el medio folclórico. Para Sandro su labor consiste en rescatar esos ritmos que tienden a quedar en el olvido a causa de la globalización. Su proceso, desde esa perspectiva, no dista del emprendido por ensayistas como William Ospina, quien a través de la palabra busca comprender y difundir ese pasado común pluriétnico y multicultural.
Los diversos viajes le han dado al guitarrista una idea de lo que representan los ritmos andinos colombianos en otros continentes. Afirma que en Europa los profesores de música, acostumbrados a los clásicos, quedan fascinados al escuchar los géneros de esta parte del mundo. La novedad es la que posibilita que la tradición latinoamericana se posicione internacionalmente y adquiera reconocimiento en el ámbito musical, trascendiendo la barrera del idioma.
La gira de Niyireth, que acaba de concluir, es una evidencia más de un género que se abre a nuevos públicos, que explora nuevos sonidos y se reinventa sin abandonar sus raíces. Ya sea en un escenario en Suiza o en un discreto bar de Medellín, la cantante continúa construyendo la historia del folclor colombiano. Cantándole al amor y a la tierra, o al amor a la tierra; Niyireth es una mujer capaz de transmitir un sentimiento a través de su voz, la realidad de un pueblo nacido de la diversidad.














