![metallica-rosshalfin[1] metallica-rosshalfin[1]](http://musicasomos.net/wp-content/uploads/2009/12/metallica-rosshalfin1.jpg)
Metallica, la banda ícono del thrash metal estará por segunda vez en su historia en tierras colombianas. Para muchas personas fanáticas, el arribo de la mítica agrupación californiana es una ambivalencia de sentimientos pues tenerlos presentes en el país es más que un sueño, pero no tener el dinero para asistir al concierto es más que una pesadilla.
Tres jóvenes se encuentran en la sala de una casa para hablar de todo un poco. Agrupaciones de música, historias anecdóticas de su vida diaria, trabajo, estudio, entre otros temas son los que se escuchan en la habitación acogedora de aquel lugar que huele a hogar. Mejor dicho, es una reunión amistosa como cualquier otra.
De pronto, uno de ellos propone hablar de Metallica, una banda de thrash metal de los Estados Unidos que arribará a Colombia el 10 de marzo del próximo año.
Como que se hubiera aparecido el demonio, los rostros de Jesús Montoya, Yamit Ramírez y Alexis Montoya se vuelven algo lánguidos y asustadizos al escuchar ese nombre de cuatro sílabas y ocho letras, pues aunque los tres metaleros mueren y matarían por la banda californiana, no tienen un peso para asistir al magno evento, como ellos mismos llaman al concierto.
Metallica, la agrupación que tiene 28 años de existencia, que es ícono del Metal y que estará en Bogotá por segunda vez en su historia, es un tema de conversación de tono grisáceo para ellos.
Es de gran alegría siempre hablar y recordar a aquellos monstruos del metal –comenta Yamit–, pero de igual modo es desconsolador –complementa– saber que estarán en la capital colombiana en tres meses y que no se tiene dinero para asistir, ya que el estrato 1 y 2, del que somos nosotros, se le es difícil acceder a estos lujos.
Trescientos o cuatrocientos mil pesos no es una gran cantidad de dinero para muchas personas. Pero para este grupo de metaleros de Medellín es una verdadera quimera conseguirse esos pesos que se transfigurarían en la boleta, el pasaje de ida y regreso, la alimentación y, obviamente, el licor para mantenerse activos en el encuentro musical.
Yamit, repartidor de periódicos; Alexis, tarreador en una construcción; y Jesús, estudiante de ingeniería de sistemas en la Universidad de Antioquia –desempleado– no tienen idea de cómo conseguir ese bendito dinero.
Los dos primeros tienen que colaborar en sus casas para arriendo, mercado y servicios, como cualquier otro joven de estrato bajo que trabaje. Asimismo, pagar sus pasajes, su comida y, para salud mental, su diversión.
Chucho, como es un joven universitario que depende de sus padres, no tiene cuatrocientos mil de pesos de sobra. Lo que le dan sus progenitores, con sacrificio, es para que estudie, se transporte hasta su universidad, saque copias, imprima trabajos y se costeé otras actividades académicas que requiere.
La verdad, mucho seguidor de Metallica se quedará ese 10 de marzo por fuera del Parque Simón Bolívar. Las boletas de la zona Vip se agotaron todas el mismo día que salieron a la venta y las de zona Preferencial y zona Popular se están vendiendo como “pan caliente” en todo el país.
Sin olvidar que aquel 2 de marzo de 1999, día en que James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Jason Newsted , integrantes de Metallica, estuvieron por primera y única vez hasta el día de hoy, en tierras colombianas, sacudieron a más de cien mil almas, logrando que se hablará del concierto con mayor asistencia en toda la historia de Colombia.
Aquella noche de la década pasada fue inolvidable para todos los rockeros y metaleros que presenciaron las canciones insignias de los californianos. Es más, se habla en las calles que quienes fueron al concierto, aún guardan la boleta o llegaron hasta el extremo de enmarcarla y tenerla al lado del cartón de bachiller, la foto del matrimonio o el diploma de profesional.
Por ello, el trío de amigos harán todo lo imposible por conocer la “nevera de Colombia” o “Rololandia”, como llaman de modo afectuoso a Bogotá, y poder presenciar a “la nueva forma de la música clásica, al ícono entre los farachos y los underground ” como los llama Yamit; a “la encarnación del Metal” como los conoce Alexis; a los “padres e inspiradores de infinidad de grupos” como los considera Chucho, es decir, a Metallica.
La quimera para convertirse en algo tangible necesitará de esfuerzo y dedicación. Más de 9600 bultos se tendrán que alzar al hombro y subir por cinco pisos, más de 48 mil periódicos tendrán que ser repartidos en las calles de la ciudad y más de 540 horas al frente de una pantalla de un computador formateando y creando programas serán las actividades que en los próximos tres meses ejecutarán estos fanáticos del Metal.
Los tres “mechudos” tienen conocimiento que el dinero que conseguirán, lo deberán administrar más que bien. Y, aunque saben que esos billetes destinados para la boleta y el viaje servirían para el arriendo, los servicios de un mes o el mercado de una semana y media; Metallica es un dios que aparecerá una sola vez en tierras nacionales y por ello merece que se le asista al arribo, aunque se sude para ello, más de lo normal.
Metallica es eterno y la experiencia va a quedar en la cabeza por mucho rato—dice Yamit—; que rato, para toda la vida —sentencia Chucho—. El mercado se puede conseguir luego —finaliza Alexis—.
Así, va llegando a punto final la conversación entre los jóvenes. Y lo que sonaba muy mal al principio ahora tiene un tono esperanzador entre todos ellos. Yamit, con una entonación algo burlesca e irónica termina diciéndoles a todos.
— A Bogotá se tiene que ir. Así sea a escuchar la bulla desde afuera del parque, porque Metallica es Metallica (…) y esperemos que alguien lleve una ¡puta cámara! porque está bien que uno se gaste la plata en Metallica, pero no le ¡queda para comprar la cámara!
